Kirchner quiere doblegar a los sindicatos
La presidente busca debilitar a la poderosa CGT para limitar los aumentos salariales.
Aumentos salariales calculados desde la “inflación del supermercado”: es lo que reclamaron el jueves miles de activistas sindicales que se reunieron en Buenos Aires por el “Día de la camionero”. En el escenario, el secretario general de la CGT (Confederación General del Trabajo), Hugo Moyano, él mismo sindicalista la unión de camioneros, uno de los más poderosos de este país, donde la mayoría del transporte hace silencio.
Transformando la reunión en una demostración de fuerza, Moyano reivindicó los aumentos salariales calculados sobre el modelo de la inflación real, pero también el aumento del ingreso mínimo de impuestos o de participación de los trabajadores en las ganancias corporativas. Fue una respuesta a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien tuvo palabras duras contra el movimiento obrero el 10 de diciembre: “Derecho de huelga, sí, extorsión, no”, había dicho en su discurso en el nombramiento para un segundo mandato.
La Jefa de Estado busca debilitar a la poderosa CGT, cuyas prácticas, tales como bloqueos de rutas o de acceso a negocios, son muy impopulares. El compromiso de Cristina Kirchner contra el sindicato puede parecer sorprendente, la CGT era una obediente peronista, como la presidenta. Pero cómodamente reelegida en octubre, es probable que ella sin duda necesite hoy esta alianza.
DESINDEXACIÓN SALARIAL
Lo esencial, en la disputa en la que Cristina Kirchner se ha comprometido con los sindicatos, es sobre los salarios que ella quiere desindexar con el fin de reducir la inflación. Contrariamente a lo que ha sucedido hasta ahora. Desde 2007, el índice de precios oficial (el del “supermercado”, no el del gobierno, que nadie cree) se incrementa en un 20% por año; los salarios negociados en convenios colectivos, el 27%. Para 2012, el gobierno los limitará a 18%, para contribuir a la disminución de los niveles de inflación.
Esta indexación de los salarios es parte de un cambio en la política económica que incluye una reducción de los subsidios a las tarifas del servicio público y tiene por objeto, en particular, evitar el deslizamiento de Cuentas Públicas – Argentina finalizará 2011 con un pequeño déficit después de años de superávit – y de la inflación – en parte como resultado de un mayor gasto público en un ambiente de incertidumbre internacional. Si usted no puede hablar de “rigor”, eso se traducirá en un menor crecimiento en 2012, tras ocho años de un aumento promedio del 8% del PIB.
Pero la inflación, aunque lenta, un problema de competitividad de la economía argentina. Y a falta de devaluación, el gobierno tratará a sector por sector (ayudas, protección temporal, etc.) a través de una Secretaría de Estado cuya creación fue anunciada el 10 de diciembre. La presidenta también propuso, en el mismo discurso en el que ha criticado a la CGT, una alianza con los líderes de negocios que ha sido tácitamente aceptada: a pesar de despotricar en contra de los controles, el negocio es bueno y Cristina Fernández de Kirchner estará en su lugar durante cuatro años.
Pero en el comienzo del mes de marzo (final del verano austral), puede haber un cambio de alianzas. De hecho, sería sorprendente que los sindicatos movilizarán a sus tropas (70% de los trabajadores no informales) y preparen su munición: el “cuerpo” de las asistencias sociales que administran.

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