Más proteccionismo argentino
El proteccionismo comercial, especialmente contra la industria brasileña, deberá ser una de las marcas del segundo mandato de la presidente Cristina Kirchner, como fue en el primero y como ha sido hace muchos años, especialmente a partir de 2008, cuando se agravó la crisis mundial. En su discurso de posesión, la presidente reelecta anunció la creación de una Secretaría de Comercio Exterior subordinada al Ministerio de Economía. La nueva secretaría será dirigida por la economista Beatriz Paglieri, hasta entonces subordinada al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, responsable en los últimos años por la ampliación de barreras contra productos brasileños. Conocido por su destemple verbal y por sus acciones autoritarias, Moreno forzó a empresarios, por medio de amenazas, a reducir las compras de productos extranjeros. También trató de imponer la política del “uno por uno”, condicionando las importaciones a exportaciones de igual valor.
Beatriz Paglieri se hizo conocida por sus afinidades con el secretario Moreno y por su disposición de usar los mismos métodos. Dirigió el Indec, el instituto oficial de estadísticas, hoy famoso internacionalmente por sus índices de inflación desacreditados dentro y fuera del país. Mientras la inflación oficial de Argentina no pasa del 9,3% al año, investigaciones y cálculos producidos por especialistas del sector privado apuntan un alza de precios en la franja de 24% a 30%. A causa del control político de los números divulgados por el Indec, estadísticas oficiales de Argentina vienen siendo hace años publicadas con excepciones en informes del FMI. Ningún otro país es distinguido de esa forma en las publicaciones del Fondo.
Anunciada la creación de la Secretaría de Comercio Exterior, los más importantes periódicos argentinos inmediatamente interpretaron la decisión como un lance más de la política proteccionista y evocaron la figura de Guillermo Moreno. Oficialmente, sin embargo, él permanecerá como Secretario de Comercio Interior, sin autoridad para comandar el nuevo departamento.
La recién-nombrada Beatriz Paglieri confirmó en una entrevista los extensos poderes conferidos a la nueva Secretaría: será su responsabilidad cuidar todas las cuestiones vinculadas a importaciones y exportaciones. Pero no se trata, según ella, de una súper-secretaría, aunque deba absorber funciones antes atribuidas al Ministerio de Relaciones Exteriores y a la Secretaría de Industria y Comercio. No estará subordinada a Moreno, pero los dos sectores – de Comercio Interior y Comercio Exterior – deberán “estar absolutamente coordinados”.
De eso no parece haber duda, tantas son las afinidades entre Moreno y su ex-operaria. Además de eso, la presidente Cristina Kirchner nunca hizo un secreto de sus inclinaciones proteccionistas, manifestadas claramente en contactos con empresarios. En la mejor hipótesis, por lo tanto, la tendencia es la continuidad de las políticas actuales.
Esas políticas incluyen la suspensión de licencias automáticas de importación aún de productos originarios del Mercosur. La emisión de licencias con frecuencia ha tardado más que los 60 días permitidos por la OMC. Además de eso, el gobierno argentino ha conseguido hace años, hasta con el apoyo de Brasilia, imponer a industrias brasileñas cuotas y acuerdos de restricción de exportaciones. Una de las prioridades es la renovación de uno de esos acuerdos con los fabricantes brasileños de calzados.
Este año, hubo alguna reacción del gobierno brasileño a los abusos comerciales practicados por las autoridades argentinas. Fueron impuestas, como represalia, barreras burocráticas a la entrada de vehículos argentinos, pero la medida fue inmediatamente suspendida, en pago del compromiso – nunca respetado íntegramente – de reducción de los plazos de licencia de importaciones. Gracias a la complacencia cómplice de las autoridades brasileñas, el gobierno argentino ha conseguido imponer su juego en el comercio bilateral. Eso dispensa al empresariado argentino de invertir para hacerse competitivo. La anunciada creación de una Subsecretaría de Competitividad en Argentina será un acto sin gran consecuencia, si los empresarios continúan confortablemente protegidos por barreras.

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