Visión estrategia de América del Sur

Con la parálisis de las negociaciones para la ampliación del intercambio comercial en el y en América del Sur, la integración física se vuelve una prioridad para los intereses estratégicos de en la región. Se trata de un sector-clave para la consolidación del proyecto geopolítico de integración, que no se debería restringir sólo a las políticas comerciales con vista a la eliminación de barreras arancelarias y no arancelarias.
Desde el principio del proceso de integración regional y, más recientemente, con la creación de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), la infraestructura fue comprendida como elemento esencial al desarrollo socioeconómico del espacio sudamericano. La disponibilidad de una red de infraestructura moderna propiciará a los países de la región desarrollo socioeconómico y favorecerá el incremento del comercio intra-regional, generando empleos y riqueza. Además del efecto multiplicador del comercio, la integración física permite la consolidación de nuestra soberanía – en virtud del mayor acceso a áreas territoriales aisladas -, el control más eficaz de las fronteras y el combate a los crímenes transnacionales.
Brasil – que tiene interés estratégico no sólo en ampliar las comunicaciones y el transporte entre sus vecinos, sino también en abrir los puertos del Pacífico para el flujo de sus productos para el mercado asiático, en especial para , nuestro primer compañero comercial – debe ejercer un liderazgo constructivo en esa área. Esa acción debe ser clara no sólo en la esfera política, orquestando el diálogo entre los países sudamericanos, sino también en el ámbito financiero, de forma de ofrecer financiaciones para obras en los sectores de transporte, energía y saneamiento en esos mismos países.
Las líneas oficiales de crédito a la exportación del BNDES y del Programa de Financiación a las (Proex) han sido instrumentos relevantes para la viabilidad de proyectos en esas áreas. Desde 2003 el gobierno brasileño aprobó garantías de crédito para más de cien operaciones de financiación por medio del Proex y del BNDES, aprobadas o en fase de aprobación, destinadas a países de América del Sur, y también de América Central y del Caribe, en un total de casi US$ 16 billones. En ese expresivo número están comprendidos no sólo proyectos de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (Iirsa), sino también iniciativas bilaterales y multilaterales, definidas según las prioridades de los vecinos. Esos proyectos corresponden, en la práctica, a la promoción de las de empresas brasileñas de servicios y de bienes de mayor valor agregado y a la generación de empleos y renta en Brasil, así como en los países receptores de las inversiones.
En el plan multilateral, la integración física regional ha sido tratada por el Consejo Sudamericano de Infraestructura y Planificación (Cosiplan). El consejo, creado por Unasur en agosto de 2009 con el objetivo de conferir soporte político de alto nivel a la discusión política y estratégica sobre la integración regional sudamericana, está compuesto por los ministros responsables por la materia en cada país.
En la reunión del Cosiplan el último día 30, en Brasilia, ministros de los 12 países-miembros aprobaron una bolsa de 30 proyectos de infraestructura, con inversiones de más de US$ 17 billones, y la implantación de un mega-anillo de fibra óptica en América del Sur, además de focalizar la cuestión de la financiación de esas obras. Por lo menos diez proyectos envuelven territorio brasileño.
Brasil ejerce la presidencia pro tempore del consejo en 2011 y una de las principales contribuciones de nuestro país es la elaboración, en conjunto con todos los países-miembros, del Plan de Acción Estratégico para el horizonte 2012-2022 y de la Agenda de Proyectos Prioritarios.
El proceso de definición de esa agenda fue iniciado con la revisión de los Ejes de Integración y Desarrollo de Iirsa, ahora incorporada al consejo como “foro técnico”. En ella constarán los proyectos de infraestructura que, en la visión de los países contemplados, sean emblemáticos para la integración en el continente y tengan fuerte potencial de impulsar el desarrollo económico y social de la región. La agenda tendrá en cuenta, igualmente, la conservación histórico-cultural y ambiental de las regiones, la protección de las poblaciones indígenas y el equilibrio de los ecosistemas por donde pasarán las obras. Esa nueva perspectiva – ejes de desarrollo global – altera la concepción, antes predominante en Iirsa, de constituir meros “pasillos de exportación” de los productos de América del Sur para otras regiones.
Uno de los grandes desafíos que los países de la región enfrentan es cómo asegurar la financiación para la ejecución de los proyectos identificados y cómo ofrecer efectivas garantías. En Iirsa, el papel de agente financista le corresponde al Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Para la nueva bolsa, tratándose de proyectos de interés de varios países, va a ser explorada la posibilidad de co-financiación de esas obras, por medio de estructuras que combinen financiación oficial brasileña con otras fuentes, entidades multilaterales o agencias de financiación extranjeras, como el BID, el Convenio de Pagos y Créditos Recíprocos de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi) y la Corporación Andina de Fomento, el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (Fonplata) y aún instituciones nacionales, como el banco venezolano Bandes, los argentinos Bice y y el BNDES.
Brasil apoyó la inclusión de dos proyectos en la agenda prioritaria: el Pasillo Ferroviario Interoceánico, que conecta el puerto brasileño de Paranaguá al puerto chileno de Antofagasta, pasando por Paraguay y por , y la construcción de una matriz vial, portuaria y energética que una a Guyana y Surinam al resto de América del Sur y fortalezca la integración en la parte norte del continente.
Si esas decisiones son ejecutadas, la integración física regional ganará una nueva dimensión política y económica.

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