Quién hace la política externa brasileña

Nuevos actores entraron en la diplomacia brasileña – aunque la acción del Itamaraty aún sea esencial en eventos como la recién-finalizada COP-17, en que los esfuerzos del gobierno brasileño en la negociación para un nuevo acuerdo climático global tuvieron en el embajador Luis Alberto Figueiredo no sólo al principal negociador del país sino también a uno de los responsables mundiales por el acuerdo final, arrancado en la madrugada del sábado para el domingo. La diplomacia viene dividiendo espacios, dentro del gobierno, con interlocutores buscados por los interesados en la acción internacional del país.
Entre los órganos de la Presidencia y sus unidades (como secretarías de gobierno), casi 43% tienen calificación para representar a en foros y negociaciones internacionales – y, por lo tanto, firmar compromisos, en nombre del país, la mayoría, sin embargo, de cooperación técnica. El porcentual sobrepasa 61% cuando son analizados los ministerios y su calificación legal para actuar internacionalmente. Esos números fueron levantados en un estudio discutido, el viernes, por integrantes del gobierno, de la academia y de la sociedad civil en el Palacio del Planalto.
El uso de esas calificaciones legales puede ser ejercido bajo supervisión y acuerdo del Itamaraty, pero no siempre eso acontece. Con la creciente internacionalización del país, la ampliación del papel de los acuerdos internacionales en la definición de políticas domésticas y el aumento del Estado, hay una tendencia a un número también cada vez mayor de órganos en el gobierno vinculados a la actuación global del país.
La actuación externa del gobierno está más fragmentada
El estudio debatido en el Planalto tiene manifiestamente la intención de auxiliar a organismos de la sociedad civil a buscar interlocutores en el gobierno para ejercer influencia en la formulación y ejecución de la externa. Sus autores son Michelle Ratton Sanchez Badin, de la Fundación Getúlio Vargas (FGV-SP), y Cassio Luiz de França, de la Fundación Friedrich Ebert. Para Michelle, la influencia de la externa sobre las políticas públicas aún es un tema poco explorado por los especialistas, que también desconocen los meandros de la actuación diplomática de las instancias de afuera del Itamaraty.
Y esa actuación no es despreciable, como notó el embajador Guilherme Patriota, de la asesoría internacional de la Presidencia: la existencia de un Ministerio de Desarrollo Agrario cambió aspectos importantes de la acción negociadora de Brasil, aumentando el peso de las consideraciones relativas al pequeño productor vuelto al mercado interno, la llamada agricultura familiar (quien acompañó las negociaciones entre y Unión Europea vio como, a veces, el MDA estuvo más próximo a ciertas preocupaciones de Europa, de protección de mercado).

El peligro evidente de la gran distribución de calificaciones es la fragmentación y conflicto interno en las decisiones de política externa. El propio gobierno, según uno de los participantes de la discusión en el Planalto, ya identificó casos de actores “externos” buscando “flancos” en otros ministerios para minar posiciones tradicionales de Brasil. Una “campeona” en ese tipo de diplomacia divisiva, según ese diplomático, es la representación de la Organización para Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), grupo de países de mayor grado de desarrollo, que busca reglas internacionales homogéneas en temas como subsidios y propiedad intelectual, por ejemplo.
La verdad es que, mientras algunos interlocutores en el país saben exactamente a quién dirigirse para buscar la defensa de sus intereses en las esferas internacionales (las grandes constructoras y las automotrices instaladas en el país son un ejemplo), las organizaciones no gubernamentales de la sociedad civil se quejan de dificultades para tener informaciones y encontrar interlocutores. Un caso citado en el encuentro del Planalto fue el G-20, grupo informal de los países de economías más influyentes, que no tiene gabinetes o secretarios para recibir las demandas por informaciones de la sociedad civil.
El estudio, que en breve debe estar disponible en la web www.fes.org.br, muestra que por lo menos dos ministerios, el de Desarrollo y el de Agricultura, tienen autorización legal para actuar en el exterior sin necesidad de acordar posiciones con el Itamaraty; algo que no llega a ser investigado por el trabajo. Es un potencial de conflictos que, hasta hoy, no ha generado problemas graves, sino pequeños atritos localizados. Más seria ha sido la consecuencia de las decisiones de política interna con consecuencias para la diplomacia, como el reciente aumento del IPI de automóviles, al estremecimiento de los compromisos del país con la Organización Mundial del Comercio (OMC), en el cual el Itamaraty siquiera fue consultado.
“El embajador Ítalo Zappa decía que era muy fácil hacer política externa allá afuera; difícil es hacerla internamente”, recordó la investigadora Letícia Pinheiro, de la PUC de Río. “El Itamaraty tiene que acomodarse a un país que se hizo más diverso”, dijo Maria Regina Soares de Lima, del Instituto de Estudios Sociales y Políticos, de la UERJ. En la discusión del estudio, se recordó que el país ganó nuevos agentes externos, como Petrobrás, los bancos oficiales y empresas como Vale. “En el siglo pasado, se decía que la política externa era lo que el Itamaraty hacía; esa respuesta ya no sirve”, resumió Maria Regina.

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