Mercosur en cuestión
El Mercosur se constituyó marcado por dos vertientes fundamentales. La primera, de naturaleza política, derivó del proceso de redemocratización en curso en aquella época en la región, al tiempo que se buscaba interrumpir la herencia militar belicosa entre Argentina y Brasil.
La segunda vertiente, de naturaleza económica, buscaba reproducir el sentido de la integración latinoamericana propuesto por cepalinos en los años 1950, con la posibilidad de llevar más adelante el proceso de industrialización en la región. Todo eso, es claro, bajo la hegemonía de los Estados Unidos.
Algunas décadas después, no parece haber dudas acerca del éxito político del Mercosur. El régimen democrático se encuentra consolidado, con importantes manifestaciones adoptadas conjuntamente por los miembros del bloque en pos de su continuidad, especialmente en los momentos en que dificultades aparecieron en algunos países de la región.
Ya en relación a la vertiente económica oscilan aún dudas. De un lado, el avance comercial del Mercosur se mostró positivo delante de las vulnerabilidades a las cuales estuvieron expuestas las economías latinoamericanas.
Pero, de otro, la rapidez con que avanzó la integración económica promovida por el sector privado hizo insuficiente el conjunto de esfuerzos vueltos para la regulación pública del mercado común. En función de eso, las asimetrías entre los países no se redujeron, por el contrario. Actualmente, la economía brasileña es seis veces mayor que la argentina. Era tres veces mayor en el momento de surgimiento del Mercosur.
Además, se debe considerar también que la combinación del descenso estadounidense con el rápido ascenso chino repercute fuertemente sobre el sentido esperado de la promoción de la industrialización ampliada en la región. El Mercosur pasó a tener mayor relevancia en un nuevo contexto mundial de multipolarización del desarrollo productivo, que se diferencia de aquel verificado durante el momento de su constitución, en que los Estados Unidos ejercían una especie de centralidad unipolar.
En el año 2000, por ejemplo, más del 24% del total de las exportaciones de Brasil eran dirigidas a Estados Unidos, mientras eran 12% en Argentina, 9,3% en Uruguay y menos del 4% en Paraguay. Nueve años después, en 2009, la participación relativa de las exportaciones de los países del Mercosur para los EUA en el total de las ventas externas se volvió menor. La mayor caída relativa ocurrió en Uruguay (57,8%), seguido de Brasil (57,6%), de Paraguay (56,4%) y de Argentina (45%).
En ese mismo período, se nota un movimiento generalizado de primarización de la pauta de exportación del Mercosur para los Estados Unidos. En Argentina, los bienes primarios pasaron de 64,1% para 80,9% de las exportaciones, mientras en Uruguay fue de 45,3% para 80,8% y en Paraguay de 76,5% para 80,9%. Simultáneamente, se percibe también que las importaciones de los países del Mercosur provenientes de los Estados Unidos se mantuvieron concentradas en los bienes y servicios de alta y media tecnología. Brasil y Uruguay redujeron el peso de las importaciones intensivas en tecnología de 75,5% para 67,9% y de 75,1% para 74,6%, mientras Argentina (de 73,3% para 73,9%) y Paraguay (de 66,9% para 76,9%) aumentaron.
Después de esa breve descripción acerca de la evolución comercial del Mercosur con los EUA, cabe considerar los cambios con China. En ese caso, Argentina y Brasil fueron los países que más ampliaron el peso de las exportaciones para el país asiático. Entre 2000 y 2009, por ejemplo, las exportaciones para China pasaron de 2% para 13% en Brasil y de 3% para 7% en Argentina. Los demás países del Mercosur no presentaron grandes alteraciones, una vez que en Uruguay la exportación se mantuvo en 4% del total y en Paraguay pasó de 0,7% para 1%.
En el comercio del Mercosur con China se verifica otra evolución interesante. Entre 2000 y 2009, las exportaciones de China para los cuatro países del bloque se modificaron distintamente. En Brasil hubo crecimiento del 140%, del 100% en Uruguay y del 50% en Argentina. En el caso de las importaciones, se destaca que, en el mismo período de tiempo, las importaciones de China provenientes de Brasil aumentaron del 0,7% del total para 2,8%, mientras aquellas con origen en Argentina y en Uruguay se mantuvieron estables.
Por fin, queda resaltar que en la pauta de exportación del Mercosur para China siguen con mayor peso relativo los productos primarios e intensivos en recursos naturales, que ya equivalen a más de 4/5 del total. En la composición de las importaciones del Mercosur ocurre el contrario, con el predominio de los bienes y servicios de media y alta tecnología, responsables por más del 60% de todo lo que es originario de China.
En síntesis, se puede concluir que las relaciones comerciales entre Mercosur, EUA y China siguen acentuadamente desequilibradas en relación al valor agregado de los productos. Sin una revisión del sentido económico del Mercosur, la trayectoria de las relaciones comerciales puede profundizar aún más las características históricas de los países latinoamericanos. O sea, la tendencia para la producción y exportación de productos primarios en asociación a una dinámica local subordinada a la internacionalización de sus parques productivos.

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