Brasil, oportunidades y desafíos con China

Para y los demás países, representa, a un sólo tiempo, oportunidad y desafío. Pero frecuentemente los desafíos son de tal orden y las oportunidades parecen tan difíciles de aprovechar que la tendencia es ceder al desánimo, creer que el único camino razonable es aumentar las barreras al comercio y a la inversión. Como mínimo, poner las barbas en remojo, como sugirió el profesor Carlos Lessa en un artículo publicado en Valor el último día 24 de noviembre.

Los dos mayores riesgos de error, en mi visión, son: 1) evaluar la realidad china con visión sólo de corto plazo y 2) creer que estamos condenados a un papel periférico. China es un país en acelerada mutación. Es preciso siempre pensar en que ella estará adelante, en la foto que aún no fue tomada. En cuanto a nuestra situación en la relación bilateral, hay que evitar estereotipos.

La experiencia reciente trae lecciones. Si la “amenaza” china hubiera sido percibida hace ocho o diez años, tal vez la estrategia correcta hubiera sido negociar el área de Libre Comercio de América (Alca) y abrir más espacio en la de América. Hasta porque, hace ocho o diez años, eran los EUA el país que ofrecía el mayor abanico de oportunidades. Por alguna razón, no observamos el crecimiento chino y tratamos a Alca como un proyecto que nunca podría ser nuestro. El ambiente de prosperidad mundial que reinaba en los primeros años de la década pasada y la convicción de que la nueva ronda de la Organización Mundial del Comercio (OMC) tenía oportunidades de éxito contribuyeron a que creyéramos que un acuerdo hemisférico no era buena opción.

Es preciso evitar estereotipos al evaluar nuestra situación en la relación bilateral con ese país

En el cuadro actual, tal vez la lectura de Alca no fuera la misma. No importa. No se rehace la historia y, en el momento, los propios americanos parecen más interesados en estrechar vínculos económicos con Asia del Este, como quedó evidenciado en la reciente reunión de la Cooperación Económica de Asia y del Pacífico (Apec, la sigla en inglés), en Hawai. Y en la cumbre de la Asociación de las Naciones del Sudeste Asiático (Asean, la sigla en inglés), en Bali, de la cual, de hecho, nuestro canciller, por primera vez, también participó. La lección a tomar es no ver sólo amenaza en las realidades abundantes en oportunidades.

Nadie duda que China será, en la próxima década, el motor de la economía mundial. En ese período, el país va a cambiar mucho. Debe pasar de gran exportador de bienes y receptor de inversiones directas a importador de bienes y exportador de inversiones. Va a apreciar la moneda, liberalizar la cuenta de capital. Ese es el plan, por lo menos.

Es un hecho que la actuación china tiene particularidades, sobre todo en lo que respecta a las inversiones en el exterior. Muchas empresas chinas, cuando se instalan fuera del país, priorizan la idea de invertir en la producción de bienes que China necesita importar. Sustituyen el “Made in China” por “Made for China” en vez de simplemente seguir el lema del mundo occidental: producir para el mercado.

A pesar de poseer abundantes recursos financieros, los inversores chinos aún no se hicieron plenamente capitalistas en sus incursiones externas. Prefieren ser gestores de los negocios a apostar sus recursos en quienes saben gestionar. Dentro de las empresas chinas frecuentemente funciona una compleja trama de relaciones interpersonales, de difícil comprensión para empresas occidentales. Pero nada de eso retira el atractivo del mercado chino, la relevancia de China como lugar para inversiones o como inversora en el exterior.

Hay negocios que necesitan estar en China, hasta para vender bien a los chinos fuera del país. Uno de ellos es el de los bienes de consumo más sofisticados. Una investigación reciente indicó que 47% de las compras de esos bienes en Europa y en son hechas por turistas chinos. O sea, las marcas necesitan tener presencia de peso en China no sólo para vender allá sino también para atraer compradores a sus tiendas matrices.

Brasil tiene marcas que ya desarrollaron una estrategia de branding y que están maduras para penetrar en el rico mercado asiático, en sectores como joyas, cosméticos, calzados y moda. El sector de servicios es otro en que China ofrece oportunidades: dibujo gráfico, arquitectura y software, entre otros. Abrir una empresa es un proceso simple. La regulación tributaria también es bastante simple.

En lo referente a las inversiones chinas en el exterior, a pesar de la tendencia al “Made for China”, no todo es estratégico. Hay, es un hecho, empresas que vienen a la cata de los bienes esenciales (agricultura, minería). Pero están también las que vienen a explorar las oportunidades del mercado brasileño, las que vienen porque los concurrentes están viniendo, las que buscan abrir nuevos horizontes simplemente porque está más difícil hacer dinero en casa. Quien inició un negocio en los años que se siguieron a la apertura obtuvo ganancias rápidas y expresivas. Hoy la realidad cambió. Los retornos son más lentos, hay más competencia, los costos son más altos, las normas ambientales más rigurosas, el cobro de tributos más agresivo, hay mayor vigilancia sobre los contratos de trabajo, la financiación no siempre es disponible.

Nuestro dilema mayor con las inversiones que llegan a Brasil es regular de forma razonable su presencia en los sectores que nos parezcan más sensibles. Los chinos están habituados a tal tipo de regulación. En su territorio, publican regularmente una relación de lo que aceptan como inversión directa, de lo que prohíben, de las áreas en que es exigida asociación con capital local. En algunos momentos, es verdad, hacen también funcionar los problemas burocráticos. En esos casos, es preciso accionar el diálogo gubernamental.

Hay quien crea que China depende de Brasil porque lo que nosotros exportamos

- mineral de hierro y soja, sobre todo – sólo está disponible en pocos países y China no puede prescindir de un buen proveedor. Hay quien crea que nosotros dependemos de China para crecer y sostener el balance de pagos. Hay quien vea en la relación con China un desequilibrio crónico, que necesita ser sanado. Todos están correctos.

Pero por encima de esas consideraciones, si no supiéramos explorar las oportunidades en la economía china, hacer sociedades, operar joint ventures, seremos posiblemente los mayores perdedores. La única estrategia lúcida para operar con China es avanzar, partir, en el buen sentido de la palabra, para el ataque.

Valor Económico – Brasil

Marcos Caramuru de Paiva 

Marcos Caramuru de Paiva fue cónsul general de Brasil en Shangai de 2008 a 2011.

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