Rumbo a África, la cuestión es financiación

El tema ya rindió pelea entre ministerios, presiones de gobiernos, noches mal dormidas para ejecutivos con intereses en el continente: la financiación a los negocios con África está en el tope de la lista de desafíos para la anunciada política de ocupación de aquel mercado, prioridad del gobierno de . La tentativa de buscar esquemas de financiación y seguro de crédito originales es tema de destaque en la misión dirigida por el ministro de Desarrollo, Fernando Pimentel, que comienza hoy sus trabajos en Mozambique. Pero hay iniciativas independientes que merecen acompañamiento.

Especialistas de la Fundación Getulio Vargas trabajan este fin de año para lanzar, en el inicio del primer semestre de 2012, un fondo de financiación que podrá exceder US$ 1 billón, para costear proyectos ya identificados en el continente africano, de una fábrica para producción de etanol, un complejo de industrialización de soja y hasta diez termoeléctricas movidas a biomasa. El fondo cuenta con apoyo de la alemana DWS Investments, conectada al grupo Deutsche Bank.

“El productor brasileño ya ve a África como área potencial de expansión, que fatalmente será desarrollada, si no por , por otros productores”, dice el coordinador de proyectos de FGV Proyectos, Cléber Guarany, responsable por el proyecto Tropical Belt (Cinturón Tropical), que desarrolla proyectos de biocombustibles y alimentos en países en la región de los trópicos. En octubre, los especialistas de FGV, con base en estudios preliminares sobre áreas degradadas propicias a la agricultura en África, hicieron en Europa y un “road show” para sondear potenciales inversores.

La gestión de los proyectos será brasileña, con apoyo de Embrapa en la aplicación de tecnología, informó Cléber Guarany a los inversores interesados. “Usando 1,2% del territorio de Mozambique, se puede producir etanol equivalente a cuatro veces el consumo previsto del país con diesel y gasolina; y seis veces el consumo de Zambia, que tiene territorio equivalente”, ejemplifica el investigador. “Con cuatro millones de hectáreas, o 4% del territorio en esos países, podríamos eliminar la necesidad de importación de arroz y azúcar en África”, garantiza.

Los pre-proyectos con esas estimativas y análisis del potencial para 14 cultivos, entre ellas canola, maní, soja, algodón y maíz, serán divulgados en marzo, con la evaluación de las inversiones necesarias en máquinas y equipamientos, entrenamiento, fertilizantes y otros insumos.

Si atrajeran inversores, pueden hacerse no sólo objeto de deseo de los empresarios brasileños sino también fuente de demanda por tecnología y equipamientos del país. Guarany estima en US$ 500 millones la inversión en la fábrica de etanol, y en por lo menos US$ 250 millones el necesario para el complejo de industrialización de la soja. Brasil compite con adversarios poderosos en la búsqueda de negocios con los africanos, a comenzar por , que no tiene sorpresas, como la que asustó a los exportadores brasileños este año, con el corte severo (casi 70%) en el presupuesto esperado para el Proex, la principal línea oficial de apoyo a la exportación.

La iniciativa de FGV con Embrapa corre paralelamente a la embestida ordenada por Dilma en el continente africano, donde ella quiere que las empresas brasileñas se diferencien de otras compañías, como las chinas, por la capacidad de dejar “un legado” en entrenamiento de mano de obra, tecnología y programas sociales.

Aunque muchas empresas y el propio gobierno, por medio de instituciones como Senai, ya patrocinen programas que contribuyen a una imagen positiva de Brasil, firmar esa “cara diferente en África” es uno de los desafíos para la actuación del país en el continente, como reconoce el director del departamento de Promoción Comercial del Itamaraty, Rubens Gama.

“Las inversiones allá no pueden valer sólo del punto de vista económico y financiero, tienen que traer beneficios sociales a la población local”, dice el diplomático, resonando las determinaciones de Dilma. Antes de llegar a ese punto, sin embargo, es preciso viabilizar los proyectos, y, admite Gama, otro desafío es la creación de mecanismos de garantía para préstamos a países distantes del grado de inversión de las agencias de clasificación de riesgo.

“Hay buenas oportunidades comerciales, pero tendremos que ser creativos en la formulación de garantías”, reconoce él. Esa es exactamente una de las misiones del grupo liderado por Pimentel, con ejecutivos de 60 empresas de alimentación y de 15 grandes compañías, entre ellas las principales contratistas del país, Vale y Petrobrás. Un modelo existente es el de Angola, donde una cuenta- garantiza, con las de la commodity a Brasil, las ventas hechas a los angoleños. Ghana es uno de los países que sueña con un esquema semejante. Pero ese modelo tiene restricciones en la Organización Mundial del Comercio, lo que exigirá tal “creatividad” mencionada por el diplomático.

Valor Económico – Brasil
Autor: Sergio Leo

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