La desunión europea

Cuando una familia está feliz, todo el mundo se ama, se acaricia y se ayuda. Pero cuando el caldo se espesa, cada uno se tranca en su cuarto, habla mal de suyo primo, escupe al abuelo y detesta a la nuera. Es preciso creer que Europa está muy mal, a juzgar por la cantidad de maldades, insultos y palabrotas que cruzan las fronteras hoy día.

Tomemos a Angela Merkel y Nicolas Sarkozy. Los otros europeos no pueden ni verlos pintados. De Londres a Atenas y Roma, ellos son ridiculizados. Un nombre les fue atribuido, “Merkozy”, dando así una identidad a ese individuo híbrido, a un sólo tiempo gordo y flaco, femenino y masculino, rubio y moreno, alemán y francés, que recorre las cúpulas europeas a la toda velocidad distribuyendo una tapa en un griego, una patada en el trasero de un italiano, una bofetada en un británico. De pasada, esa “criatura” hace insignificante a un español y le muestra el dedo del medio a un irlandés.

El extraño “golpe de Estado” operado por la pareja franco-alemana que se autodenominó “jefe de Europa” irrita a todo el mundo. Y, antes de todo, a las autoridades oficiales de la Unión Europea (UE). Es bastante cierto que esas autoridades son lamentables. El presidente de la Comisión Europea, el pobre José Manuel Durão Barroso es una nulidad y, sin embargo, pasa por un genio cuando es comparado a sus subordinados.

Los griegos, cuyo primer-ministro, el bueno Papandreou, fue “dimitido” sumariamente en el G-20 de Cannes por Merkozy, están hartos de saber que Merkel y Sarkozy telefonean a todo momento a Atenas para distribuir órdenes a los responsables griegos. El cantante Theodorakis se levanta contra “las fuerzas de ocupación”. La iglesia ortodoxa fulmina contra el “diktat” franco-alemán. Y los “indignados” de Atenas exhiben un cartel: una cruz gamada formada por las estrellas de la bandera europea.

Italia, colocada “bajo tutela” del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Central Europeo (BCE), es atormentada por los consejos melosos o brutales dispensados por el “dúo” Merkozy. Hasta tal punto que algunos italianos recriminan a Sarkozy y Merkel por haber echado a Berlusconi, lo que permitió que ese último, despreciado tanto por sus fantasías sexuales como por su irresponsabilidad, reencontrase una popularidad inesperada.

Lo más asombroso es ver a Gran Bretaña juntarse al frente “anti-Merkozy”. Defendiendo una UE tallada sobre el modelo no de un bloque (federal o confederado), sino de una red flexible y distendida, el equipo del conservador David Cameron continúa europeo, pero cada vez más vulnerable a la teoría de los -escépticos tan difundida en Gran Bretaña.

De las dos mitades de Merkozy, es la mitad francesa la que más irrita. Primero, Sarkozy, por su arrogancia, sus banalidades, su irritabilidad, sus inconstancias, es cada vez más repelente. Merkel, al contrario, continúa muy respetada. Y, sobre todo, ella está al frente de un país que avanza. Ella tiene el derecho de hablar, por lo tanto, y, además, no es afligida por una perpetua “danza de San Guido”.

Sarkozy comanda un navío, , que ya no sabe lo que hace y cuyas velas están en pedazos. Exasperado con el distribuidor de consejos francés, el ministro británico de Finanzas, George Osborne, denunció “el problema francés”. Él comparó a con Grecia, Italia y Portugal. Osborne se dio el placer delicioso de dar a el consejo de tomar medidas para restablecer la francesa.

La flecha es asesina. Ataca el verdadero problema de Sarkozy: estar al volante de un coche que se arrastra distribuyendo consejos a los coches que lo sobrepasan. Francia está amenazada de verse privada, dentro de algunos días, de su “triple A” por las agencias de clasificación de crédito Moody’s o Standard & Poor’s, lo que Sarkozy describía algunos días atrás como un desastre. A la espera de ese plazo, París continúa a reprendiendo a los malos alumnos europeos y poniéndolos en castigo – aguardando su vez ser puesta en castigo.

O ESTADO DE S. PAULO

GILLES LAPOUGE

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