Argentina Brasil, una buena señal
La elección del actual secretario de Asuntos Comerciales y Económicos de la cancillería argentina, Luis María Kreckler, para embajador en Brasil acogida en esta tarde por el Itamaraty en tiempo récord, es una de las primeras definiciones del nuevo gobierno de Cristina Kirchner y fue conmemorada como óptima señal por el gobierno brasileño.
Sin demérito para el actual embajador, Juan Pablo Lohlé, un simpático integrante de la elite política argentina que no esconde su pasión por Brasil, el nombramiento de Kreckler es un gesto de buenas intenciones de la presidente Kirchner: hizo carrera en la diplomacia, siempre en el área comercial, conoce profundamente el asunto y tiene excelentes relaciones en la industria de São Paulo. Era considerado el segundo en el mando de la diplomacia vecina, y llegó a ser cotizado para sustituir al actual canciller, Héctor Timmermann.
Pasaron sólo 20 minutos en Brasilia, el tiempo de una ágil consulta protocolar, entre la oficialización de la designación de Kreckler (que ya era esperada hace algún tiempo) y su aceptación, la concesión de lo que en lenguaje diplomático se llama “agreemènt”. No es mero optimismo la creencia, en Brasilia, de que el nuevo embajador va a dar nuevo aliento a las tentativas de coordinación de las políticas industriales de los dos países. Además de haber vivido en Brasil y hablar un fluido portugués, es considerado un interlocutor racional y comprensivo, tiene buen tráfico en los altos escalones del gobierno argentino y domina la historia de las conturbadas relaciones comerciales bilaterales.
Toda buena noticia tiene un pero y, en el caso, lo que lanza sombras en la sonrisa soleada de recepción al nuevo embajador es la incertidumbre sobre el destino de los ministerios directamente conectados a la Industria y al Comercio en la nueva gestión de Kirchner. Tradicionalmente, el Palacio San Martín – el Itamaraty de ellos – es, como toda diplomacia, más predispuesto a acuerdos y compromisos, y atento a las demandas y necesidades del otro lado. Lo mismo no acontece en el ministerio de Comercio Interior argentino, controlado por el polémico Guillermo Moreno, dueño de métodos truculentos de negociación con el sector privado (hasta ya puso armas sobre la mesa para intimidar a empresarios) y actualmente en peleas con las montadoras de automóviles del país, entre otros sectores.
Moreno también se involucró en un episodio de violencia durante las elecciones recientes en Argentina, pero sigue poderosamente bloqueando importaciones, con el apoyo de la Secretaria de Industria, Débora Giorgi, que ve cada vez más distante el sueño de suceder al ministro de Economía (y vicepresidente electo) Amado Boudou, después de la nueva posesión de Cristina, en diciembre.
Giorgi muestra señales de prestigio, sin embargo: acompañó a la presidente al encuentro del G-20, el grupo de las economías más influyentes del mundo, en Francia, y, desde allá, esparció declaraciones optimistas sobre la situación argentina. También conmemoró el aumento del ritmo de importaciones de productos argentinos por Brasil – en octubre, por primera vez, fue mayor que el de las exportaciones brasileñas al país. Pero siguen las retenciones de Martes 8 de noviembre de 2011
productos en la frontera. Argentina continúa importando más que exportando en la relación con Brasil. Y el gobierno vecino demuestra incomodarse bastante con eso.
Valor Económico – Brasil
Sergio Leo – 2011-11-08

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