Calafate, ejemplifica el poder y la fortuna K
EL CALAFATE, Argentina – La presidente argentina, Cristina Kirchner, acostumbra decir que la ciudad del Calafate, en la fría y distante provincia de Santa Cruz, es “mi lugar en este mundo”. Basta caminar por las calles de uno de los destinos turísticos más visitados de Argentina y conversar con sus habitantes para confirmar que Calafate es, de hecho, el reino que Cristina construyó con su marido y antecesor, Néstor Kirchner. Desde que la pareja decidió invertir en la región famosa por sus glaciares, como el de Perito Moreno, la ciudad ganó un aeropuerto internacional que ya está siendo ampliado y modernizado y hoy es una de las principales puertas de entrada de turistas extranjeros en la Patagonia. La presidente, que el día 23 disputará la reelección y, de acuerdo con todas las investigaciones, conquistará el tercer mandato consecutivo de los Kirchner, es dueña de los dos hoteles más lujosos de la ciudad, además de una posada y una casa de campo. Desde hoy hasta el domingo que viene, O GLOBO mostrará, en una serie de reportajes, cómo la Pareja K acumuló fortuna, poder y prestigio político en Argentina.
Uno de los hoteles de Cristina en El Calafate se llama Los Sauces y está localizado en el mismo terreno donde la familia tiene una bellísima casa de tres pisos – la misma que, según reveló Cristina a la periodista Sandra Ruso, autora de “La Presidente, historia de una vida”, provocó varias discusiones entre marido y mujer. “Fueron años de peleas. Él (Kirchner) me decía: ‘Deja de gastar dinero allá!’. Pero, después que le transmití el amor por este lugar, no había cosa que a él le gustara más que estar aquí”, contó la presidente. En esa misma casa, ella vivió uno de los días más difíciles de su vida. En la mañana del 27 de octubre de 2010, Kirchner sufrió un ataque cardíaco y, a pesar de los esfuerzos de sus médicos en Calafate, murió antes de llegar al hospital.
La pasión de los Kirchner por la ciudad llevó a la familia a invertir varios millones de dólares en propiedades y terrenos en la región. Nadie conoce el tamaño exacto del patrimonio, que, según fuentes locales, supera ampliamente el informado a la Oficina Anticorrupción. Se sabe que, además de Los Sauces, la presidente posee el Hotel Alto Calafate – aunque las recepcionistas lo nieguen – la Posada Las Dunas y la casa de campo La Fábrica, donde turistas pueden realizar actividades como pesca y paseos a caballo. Pero la sensación entre los habitantes es que los Kirchner controlan mucho más de lo que aparece formalmente en la declaración de bienes y son los verdaderos dueños de la ciudad.
En agosto, Cristina confirmó tener 27 propiedades – la gran mayoría en Santa Cruz – y una fortuna de US$ 19,9 millones, la más alta ya acumulada por un presidente desde la redemocratización, en 1983. La lista incluye 6 casas, 12 apartamentos, 6 terrenos, 3 inmuebles comerciales, además de 19 aplicaciones en renta fija y la participación mayoritaria en las sociedades anónimas que controlan los hoteles. Pero los Kirchner tendrían mucho más. Mientras Néstor era gobernador de Santa Cruz, entre 1991 y 2003, la familia compró tierras fiscales (que pertenecían al Estado) a precios bajísimos que, con el desarrollo de la región, multiplicaron su valor. La hoy casi inexistente oposición denunció el esquema, pero los seguidores de la Pareja K argumentan que todos los habitantes se beneficiaron:
“Mi terreno costó US$ 2,5 mil parcelados y hoy vale más de US$ 20 mil”, dice un abogado local, que, como todos los habitantes de Calafate, sólo acepta conversar sobre los Kirchner en anonimato “La diferencia es que Kirchner compró terrenos más caros y escogió las mejores ubicaciones”. En Santa Cruz, son pocas las personas que se atreven a hablar públicamente sobre Néstor y Cristina. El poder de la familia y, sobre todo, su capacidad de favorecer y perjudicar a aliados y adversarios asustan. Nadie cuestiona su enriquecimiento y el de sus colaboradores, entre ellos el ex-secretario privado de la presidente, Fabián Gutiérrez, que tras haber sido acusado de enriquecimiento ilícito renunció y se mudo a Calafate, donde construyó una casa evaluada en cerca de US$ 1 millón. Para la gran mayoría de los habitantes, la ciudad y la provincia crecieron gracias a la familia, y eso es lo que interesa.
“La corrupción siempre existió, pero eso forma parte de la política. Lo importante es que todos nos beneficiamos con las obras públicas”, dijo un comerciante que llegó a Calafate hace ocho años, cuando el número de habitantes era de sólo 2.500 personas, y hoy poco le importa el hecho de que el patrimonio de los Kirchner haya crecido más del 900% entre 2003 y 2011.
Actualmente, 20 mil argentinos viven aquí y dependen del turismo que se multiplicó gracias a la pareja. Después de la muerte del ex-presidente, la principal avenida de Calafate pasó a llamarse Néstor Kirchner. Era el lugar donde a él le gustaba caminar. El Hotel Los Sauces, decorado personalmente por la presidente, y la casa de la familia también quedan en esta calle. Según una fuente vinculada al hotel, construido hace cinco años, Cristina acostumbra atravesar el portón de madera que separa su casa de Los Sauces para controlar el trabajo del equipo: “Ella es capaz de preguntar por qué intercambiaron una almohda de lugar. Se acuerda de absolutamente todo”.
Para conseguir una reserva – costos diarios a partir de US$ 300 – lo mejor es evitar el acento argentino y, sobre todo, el porteño. La gerencia evita huéspedes nacionales y prefiere americanos, europeos y latinos, especialmente brasileños. El objetivo es alejar del reino de Cristina a compatriotas que puedan invadir su privacidad. Hay hidromasaje en todas las bañeras y carros de golf para transportar a los huéspedes hasta sus casas, además de dos restaurantes que sirven delicias patagónicas como empanadas de cordero, salmón y trufas. La presidente a veces cenaba con el marido por allá y también le gustaba frecuentar el bien equipado spa. Desde la muerte de Kirchner, sin embargo, ha preferido descansar en su residencia. Constantemente es vista llorando cuando llega a Calafate.
Periodistas no son bienvenidos en El Calafate. La agencia de noticias OPI de Santa Cruz, uno de los pocos medios de comunicación independientes de la provincia, no tiene corresponsal en Calafate porque, según explicó Rubén Lasagno, uno de sus directores, “la vida de ese periodista sería un infierno”. De hecho, los habitantes de la ciudad evitan hablar con la prensa nacional y extranjera. Para saber lo que las personas piensan sobre la Pareja K, la mejor opción es no revelar la profesión. En una conversación informal, los vecinos cuentan historias y rumores sobre Néstor y Cristina Kirchner que jamás revelarían a un periodista. Uno de los más conocidos es sobre un supuesto affaire entre el ex-presidente y la empresaria Maria Ángela Girometti, dueña del Hotel Los Álamos, localizado a pocas cuadras de Los Sauces; que Cristina, dicen las malas lenguas, resolvió construir por pura rivalidad.
“Es que el hijo mayor de la dueña de Los Álamos es muy parecido a Néstor”, sugiere maliciosamente un taxista. Historias sobre la cuestionada fortuna también circulan. Según un amigo de un ex-secretario de Kirchner, el ex-presidente tenía propiedades y negocios que siquiera Cristina conocía. “Después que Kirchner murió, empleados encontraron maletas y más maletas de dinero escondidas”.
Hasta hoy los habitantes divergen sobre las horas antes de la muerte de Kirchner. Para algunos, él tuvo terribles discusiones con el empresario Lázaro Báez por deudas no pagadas. Para otros, la única persona con quién Kirchner discutía era con Cristina. A los demás, sólo les daba órdenes.
O Globo – Brasil
Janaína Figueiredo

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