Piñera reacciona en tono a gobiernos débiles
Al tratar el conflicto social como un caso de policía, el presidente chileno da subsidio para ser asociado al pinochetismo
Tratar conflictos sociales como un caso de policía no es novedad en América. Es una reacción habitual de gobiernos enflaquecidos y acorralados por movimientos que ganan fuerza en la sociedad. No es otro el contexto el que lleva al gobierno de Sebastián Piñera a intentar endurecer la legislación para castigar con prisión las ocupaciones de edificios públicos.
Hace más de cuatro meses estudiantes hacen huelga y ocupan colegios. Reivindican el fin de la enseñanza impuesta por la dictadura de Augusto Pinochet, que privatizó y desreguló toda la educación, siguiendo los dictámenes de los neoliberales de Chicago.
El modelo, que ya dura 30 años, está agotado. Cursos caros y de calidad precaria endeudaron y frustraron a centenares de miles de familias; que fueron a la calles en las mayores protestas desde la redemocratización. La cuestión ya extrapoló el debate sobre mensualidades y bolsas. Estudiantes y profesores quieren discutir el lucro que las escuelas obtienen con dinero público, el currículo y también el esquema de municipalización de la enseñanza; implantada en la dictadura para reforzar su poder político, social y militar.
NACIONALIZACIÓN
Hasta el sistema político binominal está en jaque. Así como el ingreso del cobre, vital para el país -que los manifestantes quieren re-nacionalizar para generar presupuestos para educación. Con su popularidad cayendo en las investigaciones, Piñera ensaya una acción extraña a la democracia, recordando más a los regímenes de excepción. Acorralado, al tiempo que dice buscar el diálogo con los líderes huelguistas, hace amenazas. En el enmarañado de intereses de miembros del gobierno, escuelas, bancos y fondos de inversión, cualquier cambio del modelo significará pérdidas para esos sectores.
Dentro del poder, están los que creen que el gobierno no debería negociar, pero endurecer; línea que debe tener ganancia espacio. Escaldados con la derrota de los “pingüinos” en 2006, cuando secundarios protestaron y aceptaron promesas que no fueron cumplidas, los estudiantes ya desconfiaban de las ofertas oficiales. Ahora, con el proyecto represivo, concebido probablemente para amedrentar y dividir al movimiento, la oposición gana más argumentos para ligar a Piñera con Pinochet.
Folha de Sao Paulo – Brasil
Autor: ELEONORA DE LUCENA
ANÁLISIS CHILE

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