América del Sur bajo amenaza

En la época de los atentados del 11 de septiembre, los americanos buscaron culpables en la

SÃO PAULO – En el marco de los 10 años del 11 de Septiembre, representantes de la comunidad árabe critican lo que llaman industria “de paranoias” creada por la guerra contra el terror, que generó graves consecuencias en la Triple Frontera – región limítrofe entre , y Paraguay. El Consulado General de Israel en São Paulo, por otro lado, critica la falta de políticas rígidas para combatir acciones terroristas en los países de América del Sur.

Los se apoyaron en la idea de que América del Sur es una tierra sin ley que favorece la organización de redes terroristas para realizar una búsqueda masiva de culpables en la región. En la época, el Departamento de Estado del país distribuyó informes a la prensa garantizando que la Triple Frontera -que reúne a cerca de 15 mil musulmanes, lo que representa la mayor comunidad de toda América Latina- ocultaba redes terroristas, algo que fue tomado como verdad por medios de comunicación norteamericanos, argentinos e incluso brasileños.

Con eso, árabes de la región necesitaron enfrentar interrogatorios y acusaciones. El caso más célebre fue el de Assad Ahmad Barakat. El comerciante, que vive en Foz de Iguaçu (PR) desde 1987, fue acusado de ser uno de los líderes del grupo chiíta libanés Hezbollah en la Triple Frontera. La policía había encontrado documentos sobre el grupo en los cofres de su empresa. Después de una investigación, sin embargo, quedó comprobado que el único delito de Barakat había sido la evasión de impuestos, crimen por el cual pasó seis años en prisión.

“Era algo común en la época. La policía acusaba a los árabes de ser terroristas y al final lo único que conseguían comprobar era que el individuo evadía impuestos o vendía productos piratas”, recuerda Fouad Mohammad, empresario de Foz de Iguaçu y uno de los fundadores del movimiento Paz Sin Fronteras, creado en 2001 para criticar la visión de la comunidad difundida por los Estados Unidos. De acuerdo con él, lavado de dinero, piratería, contrabando y eran tratados como si fueran crímenes con la misma gravedad. Se decía, aún, que el dinero ganado con contrabando financiaba el .

Según Mohammad, después del 11 de Septiembre, hubo una acción intimidante contra la población de la Triple Frontera. “(Personas) encapuchados entraban armados en tiendas e interrogaban a las personas de forma violenta”, cuenta. “No sabíamos quiénes eran los autores de esas acciones y nadie quería exponerse al ridículo, de modo que muchos dejaban de trabajar”, cuenta.

Las acciones iban más lejos. Según el presidente de la Fearab (Federación de las Entidades Árabes) de Argentina, Néstor Suleiman, personas eran fiscalizadas con frecuencia dentro de mezquitas, cuando iban a rezar. “La campaña de la prensa favoreció el clima de desconfianza y miedo con relación a la comunidad árabe en la región”, dice.

Para John Tofik Karam, doctor en Antropología Cultural por Syracuse University de Nueva York y profesor en DePaul University de Chicago, la Triple Frontera fue el “chivo expiatorio de la política americana contra el terror en América del Sur”. Según él, las acusaciones necesitan ser entendidas dentro del contexto de la historia y de las relaciones entre la región y los Estados Unidos. “Muchos especialistas en seguridad enviados para investigar supuestos terroristas siquiera hablaban portugués, español o árabe”, dice Karam.

Aún según Karam, las acusaciones de esos agentes – que no fueron comprobadas – formarían parte de una industria de paranoias fomentada, entre otras razones, por la necesidad de Washington de encontrar culpables para los atentados. “Los informes citaban a la prensa como fuente. La prensa es sí una fuente interesante, pero no comprueba hechos”, critica.

Con relación a las acusaciones de evasión, Karam dice creer que ese es un crimen común en fronteras. Pero, afirma, los EUA usaron ese problema como argumento para justificar que en la Triple Frontera se organizaban redes terroristas. Para él, fue una teoría conspiradora que ganó credibilidad en la medida en que la prensa adhirió al discurso. “Los analistas conectaron el contrabando con terrorismo islámico, como si el primer elemento justificara la existencia del segundo”, afirma. Otra alegación usada para fomentar la teoría fue el hecho de que en la Triple Frontera hay muchos chiítas. “Y donde hay chiítas hay acusaciones de financiación del Hezbollah”, dice.

Karam dice que prefiere usar la palabra “violencia” en vez de “terrorismo”. “Sería posible llamar a diversos gobiernos del mundo de ‘terroristas’”, afirma. “Ambos (gobiernos y grupos militantes) practican violencia contra civiles e inocentes y el miedo contra el terrorismo se volvió una justificación para violar derechos humanos”, sostiene.

Entre la paranoia y la realidad

Pero, para el Cónsul-general de Israel en São Paulo, Ilan Sztulman, hoy el terrorismo representa una amenaza real en América del Sur. “Yo no ‘hallo’ que el terror es una amenaza relevante en América Latina. Yo sé que el terror es una amenaza relevante”, enfatiza.

Para comprobar el argumento, Sztulman recuerda dos atentados ocurridos en Argentina recientemente. En 1992 y 1994, bombas detonadas delante de la Embajada israelí en Buenos Aires y de la Asociación Mutual Israelí Argentina (Amia), dejaron más de 100 muertos. Según él, los responsables por las acciones entraron en el país por Puerto Iguazú, ciudad argentina en la Triple Frontera.

“Los atentados colocaron a América del Sur en el radar de políticas antiterroristas y sus impactos pueden ser sentidos hasta hoy”, garantiza. “El terror puede atacar en cualquier lugar del mundo”, dice.

Gabriel Weimann, especialista en terrorismo y nuevos medios de la Universidad de Haifa, también en Israel, concuerda con Sztulman. Según él, que visita Brasil esta semana para encuentros con la Policía Federal y con políticos en Brasilia, el País pasa a ser blanco de la acción de grupos terroristas por cuenta de su creciente relevancia geopolítica en el mundo y porque va a acoger la Copa del Mundo y las Olimpíadas, eventos agendados para 2014 y 2016.

Preparación

Sztulman compara la situación de Brasil hoy con aquella de Argentina en la década de 1990, cuando ocurrieron los ataques. Según él, como Brasilia hoy, Buenos Aires tenía buenas relaciones con gobernantes del mundo árabe, algo que no impidió que acciones violentas ocurrieran en su territorio. “Y, debido a esas buenas relaciones, operadores de y de Líbano entraban y salían de Argentina sin problemas, lo que facilitó el atentado”, dice.

Para el diplomático, Brasil debe estar preparado para esa amenaza, principalmente con miras a los eventos deportivos. Él cree que el País necesita invertir en la creación de órganos de inteligencia, en recursos de seguridad en los aeropuertos, además de métodos para evitar ataques.

Basado en la experiencia israelí, el consulado ofrece un curso a autoridades del país, que aprenden cómo lidiar con traumas y cómo organizarse en caso de acciones terroristas. Las clases ocurrirán en diciembre y serán ofrecidas a cuatro políticos del Estado de São Paulo.

El secretario de salud, Giovanni Cerri, será responsable por escoger a las personas para el entrenamiento, que será realizado en la ciudad de Haifa, en Israel, en el Hospital Rambaum que, según el Cónsul, “tiene mucha experiencia en las guerras de Líbano y con decenas de ataques terroristas”.

Disponible a políticos de todo el mundo, el curso ocurre tres veces al año. Además de él, los consulados de Israel también organizan entrenamientos periódicos en otras áreas, entre ellas periodismo en zonas de combate y servicios de vigilancia en regiones violentas.

Sztulman, sin embargo, ve con optimismo el avance de las medidas de seguridad en la región. Según él, aún con poco rigor, las medidas ganaron fuerza tras los atentados en Nueva York en 2001. “Yo, por ejemplo, no puedo vivir en una casa, ni aún en los últimos o primeros pisos de un edificio”, dice.

Él destaca, por fin, que el número total de israelíes muertos desde la creación del Estado de Israel, sea en guerras, atentados u otros ataques, son cerca de 20 mil, mientras entre la población árabe el número es siete veces más alto. “Los propios árabes y musulmanes son las principales víctimas de esas acciones de pequeños grupos políticos o religiosos que adoptan posiciones extremas”, concluye.

O Estado de S. Paulo – Brasil

2011-09-10

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