Los riegos de un huracán en New York
“Mucha gente cree que los huracanes sólo afectan a las áreas muy al sur de Nueva York, pero las tormentas costeras, incluyendo huracanes, pueden y de hecho impactan en la ciudad”, advierte en su página web la Oficina de Manejo de Emergencia de la Alcaldía de Nueva York (OEM, por sus siglas en inglés).
De hecho, la OEM asegura que los huracanes que lleguen a la ciudad tienen un potencial más dañino que fenómenos del mismo calibre que afectan a zonas del sur del país y como consecuencia, algunas áreas de la ciudad podrían quedar hasta 10 metros bajo el agua.
El mapa de zonas de inundación identifica partes bajas como Coney Island, en Brooklyn; zonas de Queens, Staten Island y la parte baja de Manhattan.
Pero no es sólo la llamada Gran Manzana la amenazada, todo el corredor urbano del noreste del país, desde Washington D.C. hasta Boston, podría verse afectado por Irene.
Se trata de la región más poblada de EE.UU., y en el caso de la ciudad de Nueva York, su densidad poblacional complica los preparativos y cualquier eventual trabajo de emergencia.
¿Un huracán menor?
En las calles de Nueva York ya se siente la influencia tormentosa de Irene.
El Centro Nacional de Huracanes de EE.UU. con sede en Miami estima que hacia el fin de semana el huracán pueda alcanzar categoría 4, con vientos sostenidos superiores a los 210 kilómetros por hora.
Tras tocar tierra posiblemente en Carolina del Norte seguiría subiendo por la costa hacia las ciudades norteñas, quizá debilitado, al punto que cuando llegue a Nueva York podría ser categoría 1, lo que algunos con optimismo han definido como un “huracán menor”.
Pero como dijo durante una entrevista la mañana del jueves el director de la Agencia Federal de Manejo de Emergencia (FEMA, por sus siglas en inglés), Craig Fugate, “no conozco ningún huracán que sea menor”.
Aunque los modelos computarizados de predicción sólo pueden trazar con precisión la ruta de un ciclón por 48 horas, ya los neoyorquinos están preparándose para la posible llegada de Irene.
El huracán de 1938
El ciclón más poderoso que ha afectado a Nueva York del que se tenga registro se produjo en ese año, cuando un huracán tipo 3, atravesó Long Island en ruta hacia Nueva Inglaterra, causando la muerte de unas 10 personas en la ciudad.
La isla de Manhattan sufrió inundaciones hasta zonas de la calle 59, generando interrupciones de transporte y el servicio eléctrico. Además 100 hectareas del Central Park fueron arrasadas.
Sin embargo, el huracán de 1938 -en esa época no eran bautizados- pudo haber causado más destrozos si hubiera pasado unos kilómetros más cerca del centro de los llamados cinco distritos, que conforman el área metropolitana de Nueva York.
Durante una rueda de prensa ofrecida la mañana del jueves, el alcade de Nueva York, Michael Bloomberg, dijo esperar “lo mejor” mientras se prepara para “lo peor”.
Cuando los reporteros le preguntaron qué podría ser lo peor que podría pasarle a los ciudadanos que no se preparen suficientemente para la eventual llegada del huracán, Bloomberg dijo: “que podrían morir”.
Las dificultades del desalojo
La alcaldía es la encargada de emitir la orden de evacuación en caso de que juzgara necesario, pero la densidad poblacional y la falta de costumbre podría ser un factor que complique el trabajo de las autoridades.
La oficina de Bloomberg informó que se ha asegurado al disponibilidad de helicópteros y botes por parte de la policía, así como generadores de emergencia para hospitales.
Sin duda, los habitantes del sur de los EE.UU. están más acostumbrados a los procedimientos de emergencia: almacenar alimentos no perecederos; preparar un equipaje mínimo, que incluya documentación y tapiar y aislar las ventanas de las casas.
Las ferreterías de Florida y los estados de la costa del Golfo de México suelen tener grandes cantidades de materiales para esos trabajos, así como plantas eléctricas portátiles y todo tipo de equipamiento para la emergencia.


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