Hazaña dictatorial en Ecuador

Así como la libre expresión del pensamiento, el recurso a la Justicia por quienquiera que se considere calumniado por la prensa es un derecho consagrado en los regímenes democráticos. Aparentemente, por lo tanto, el presidente de , , actuó con entera legitimidad al procesar por injurias al periodista Emilio Palacio, ex-editor de de El Universo, el principal diario del país, publicado en Guayaquil, y sus propietarios, los hermanos Carlos, César y Nicolás Pérez. En la edición del 6 de febrero último, en un artículo intitulado No a las mentiras, Palacio acusó al presidente, a quien se refería invariablemente como “dictador”, de crimen de lesa-humanidad.

Al criticar la intención de de indultar a los policías y miembros de la Marina que se amotinaron el 30 de septiembre pasado, invocando reivindicaciones salariales – lo que él calificó como una tentativa de golpe de Estado -, el periodista escribió que un futuro presidente, tal vez enemigo del actual, podría llevarlo a los tribunales por haber mandado a abrir fuego indiscriminadamente y sin previo aviso “contra un hospital lleno de civiles y gente inocente”. Él aludía a la inesperada visita de a un cuartel sublevado, donde desafió que lo apuntaran. Atacado, se refugió en el hospital de la instalación, de donde fue rescatado por tropas del Ejército que mandó a llamar. La rebelión finalmente sofocada dejó 10 muertos y cerca de 270 heridos.

Correa, que no se ve como un dictador sino como un demócrata avanzado, a ejemplo de su mentor venezolano Hugo Chávez, alegó que el articulista le atribuyó, sin pruebas, “una conducta prevista por la ley penal”. Y pidió, a título de reparación, que él y los dueños de El Universo fueran condenados a pagarle el equivalente a asombrosos US$ 80 millones – y a pasar tres años en la prisión. Dejó claro así que, más que punir a los responsables por una presumible calumnia publicada contra sí, deseaba el cierre del periódico, en lo que no pasa de una nueva manifestación de endurecimiento en el cerco que viene emprendiendo a lo que queda de prensa libre en Ecuador. Pero el presupuesto de su derecho de pedir la indemnización que lo satisfaga sería la existencia de un Poder Judicial independiente en el país, que podría, o no, darle ganancia de causa a la luz de los hechos.

En realidad, el juicio de los reos mostró lo opuesto: la Justicia como extensión del cada vez más nítido autoritarismo chavista de Correa. La sentencia de primera instancia que los multó en “sólo” US$ 40 millones, manteniendo la solicitud de los tres años de cárcel, fue tomada con la presencia de soldados armados de fusiles y bombas de gas lacrimógeno, enfrente y dentro del tribunal. Palacio fue prohibido de presentar pruebas en su defensa, bajo pretexto de no ser “pertinentes”. Lo más escandaloso de todo fue la conducta del juez Juan Paredes, el sexto en ocuparse de la materia en pocos meses. Él había dejado el proceso después que la defensa de Carlos Pérez, uno de los socios de El Universo, pidió su alejamiento. Reasumió el último martes, en carácter temporal.

En no más de 33 horas, realizó la audiencia, “estudió” las 5 mil páginas al instante y profirió una sentencia de 156 páginas. Enseguida, fue sustituido por el juez titular. Se repitió la farsa de las Cortes de papelón de todas las dictaduras, en las que la condena de aquellos que el régimen quiere doblar o destruir precede el debido proceso legal. En el caso, los condenados disponen de tres instancias para recurrir de la violencia sufrida. El resultado, de todos modos, puede ser previsto desde ya – a menos que la indignación de las instituciones internacionales de defensa de la libertad de prensa se traduzca en presiones que se hagan sentir en Ecuador – por la exultante reacción de Correa. “El reino de terror instalado por la prensa está acabando”, se regodeó.

Magnánimo, dijo que destinará la gran suma de la indemnización a un proyecto ambiental en la Amazona ecuatoriana y que, cuando el proceso transite en el juzgado, retirará la solicitud de prisión contra los periodistas – un acto de arbitrio, por lo tanto, coherente con su gusto por el poder dictatorial.

Dicho eso, embarcó para Cuba donde irá a conmemorar con sus aliados Castro y Chávez otra hazaña contra la democracia que sueñan extirpar de América Latina.

O Estado de S. Paulo –

 

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