Milagro Sala: entrevista de Perfil.com

Jorge Fontevecchia y la entrevistada Milagro Sala en San Salvador de Jujuy en la entrada del "Cantri" de Tupac Amaru. | Sergio Piemonte
“Es como que nos estuviesen diciendo que los negros no podemos pisar esos lugares que pisa cierta parte de la sociedad. A mí me agarró, no bronca, pero sí molestia.”
—¿Cuál es su versión sobre las controvertidas fotos suyas en Punta del Este?
—No estuve parando en ningún hotel de Punta del Este. Estuve en Maldonado con varios amigos. Hace entre ocho y nueve años que voy al Uruguay. Me pareció muy chocante que se me cuestione porque estuve en un recital en Punta del Este. Es más: no estuvimos dentro del Conrad, sino en el garaje, donde se montó un escenario. Y esto de incriminarme porque me comí un pancho fue algo injusto. ¿Por qué no nos sacamos la careta y dejamos de ser hipócritas? Porque muchos de los que dijeron “Milagro en Punta del Este” son los que este año se están cuidando porque hay elección. Pero, ¿por qué no revisamos a dónde fueron de vacaciones años anteriores? Nos quedaríamos horrorizados. Algunos me relacionaban con el menemismo, y una de las personas que combatió al menemismo fui yo. En Jujuy, el menemismo nunca pudo hacer un acto. Ni el mismo Menem.
—¿Su primer reflejo al ser fotografiada fue esconderse?
—No. Si me hubiese querido esconder, no me habría puesto a saltar. El que hace llegar esa foto debió mandarla completa. Había que ver cuando yo estaba muy adelante; no nos quisimos sentar y nos paramos adelante y comenzamos a saltar un pogo en pleno recital de Charly García. Había varios fotógrafos. Incluso había un muchacho que filmaba continuamente. Y no me filmaba tan sólo a mí, sino a todo el público. Insisto: si me hubiese querido ocultar, no me habría puesto adelante a saltar pogo. La verdad es que me he sentido feliz porque era la primera vez en mi vida que iba a un festival.
—¿Le gusta Charly García?
—No tengo todos los discos de Charly, sino que hay algunos temas que me gustan mucho. Nunca pude ir a un recital. No soy de salir a los bailes. A las altas horas de la noche prefiero desarrollar mi energía en la organización, y no andar tonteando por ahí.
—Dice que hace muchos años que va al Uruguay. ¿Siempre a Punta del Este?
—No. Nosotros caemos por Maldonado, y de ahí nos vamos caminando para el fondo…
—¿Para La Paloma?
—Para La Paloma, o nos vamos a Punta. Mi marido tiene un primo en Punta del Este que tiene una casa artesanal, y tiene un primo camarista. Y estuvimos con ellos, charlando. Yo creo que la sorpresa de muchos es: “¿Cómo es que Milagro tiene familia por parte del marido en Punta del Este?”. Punta del Este es una ciudad como cualquier otra para mí. Yo estuve unas horas, nada más. Fuimos a ver la familia y justo vimos lo del recital y bueno: “Vamos, vamos…”. Los chicos se burlaban porque cuando comenzamos a juntar la plata, decían: “Vos sos la mamá, pagá vos”. Y justo apareció un amigo de mi marido que nos hizo pasar.
—Usted contó que sabía que algunos querían desprestigiarla (N.d.R.: Luis D’Elía, a quien no desea mencionar). Quien tomó la foto, ¿pudo haber tenido ese objetivo?
—No sé. La nota que sacó el periodista no me molestó, sino que me ha inquietado. Pero es como que uno tendría que pedir disculpas porque fue al Conrad a ver un recital. Y no hay razón para que tenga que hacer eso. Después nos llamó nuevamente el periodista de Punta del Este y me dijo que me quería hacer una nota, y entonces yo le dije: “Mirá, si vos me hubieses hecho una nota preguntándome por qué yo estaba ahí, yo no tenía problema de abrirme; es más, te hubiese invitado a la casa donde alquilamos. Pero vos primero hiciste la nota y después venís y me preguntás por qué”. Estuvimos con mucha gente conocida saltando, contentos, la verdad, porque en momentos que a veces uno está libre con la familia, uno se siente bien. Y tampoco estuve con mis hijos, porque mi hija estuvo en Brasil. Mi hija es del Seleccionado, acá, de handball, y fue a una competencia en Brasil. Salieron terceros.
—La información que circula es que alquiló una casa del condominio Marina del Este en Punta Ballena a la inmobiliaria Punta Ballena.
—Sí. Alquilamos el grupo de amigos. Todos pusimos plata.
—Y que la casa se pagó 10 mil dólares por la primera quincena de enero.
—No, fue menos y éramos cuatro matrimonios (le alcanzan un papel con las cuentas: pagaron 28 mil pesos, 7 mil dolares, entre cuatro matrimonios, 7 mil pesos cada uno).
—Usted dijo: “¿Por qué una colla no puede ir al Conrad?” ¿Puede ampliarnos esa idea?
—Como que nos estuviesen diciendo que los negros no podemos pisar esos lugares que pisa cierta parte de la sociedad. A mí me agarró, no bronca, pero sí molestia. ¿Por qué no podemos estar ahí si nosotros no robamos a nadie?
—¿Es racismo?
—Sí, porque ahí nos cruzamos a varios correligionarios, de los que nadie dijo nada.
—Si son peronistas, mientras sean blancos, no pasa nada.
—Exacto.
—¿Por el color de su piel?
—Exacto. “¿Qué tiene que hacer ella acá entre medio de nosotros?” ¿Por qué no puedo? A nosotros, los abuelos de los pueblos originarios nos enseñaron que antes no éramos América, no era Argentina, no era Chile, no era Uruguay, no era Brasil. Era todo una sola Abya Yala (nombre que le dan al continente americano organizaciones, comunidades e instituciones indígenas y que significaría “Tierra en plena madurez” o “Tierra de sangre vital”).
—Y el Uruguay también era parte de la Abya Yala.
—Exacto. Es todo charrúa, es nuestro. Hubo un grupo de gente que se apropió de esto, pero si volvemos atrás, la historia nos cuenta que esto era nuestro, que tenía un valor del corazón. Que es donde podíamos plantar y cosechar, donde podíamos vivir tranquilos, donde podíamos tener nuestros pájaros, nuestros animales. Libres.
—La única crítica seria que pueden hacerle, dado que recibe fondos del Estado, es sobre cómo pagó su viaje.
—Mi marido tiene tres trabajos, yo también estoy trabajando. Nosotros nos podemos dar esa clase de… Hace diez años que nosotros estamos yendo por ahí. Y justo hoy, época de elecciones, descubren a Milagro Sala. ¿No será porque Milagro Sala es kirchnerista? ¿No será porque no hay cómo combatirla? ¿No será porque es peligrosa para algunos sectores políticos? En Jujuy no hubo ningún compañero de nuestra organización que haya dicho: “Vamos a sancionar a Milagro Sala por haber ido a Punta del Este”.
—El tema económico es el punto central. No es que no pueda pagarse las vacaciones en Punta del Este, sino que existe una acusación previa respecto de su patrimonio, y esto de las vacaciones en Punta del Este podría ser simbólico. En 2003, en su declaración jurada no tenía patrimonio, y hoy hay una denuncia en la Justicia Federal de que su patrimonio personal actual es de 3.734.000 pesos.
—Eso dice Gerardo Morales.
—¿Su patrimonio personal incluye muchas casas, como se denuncia?
—No. Yo tengo una sola casa que está a mi nombre. Es más, se hizo una investigación en la que se verificó que lo que dice Gerardo no es así. Por ejemplo, la casa donde vivo no es mía. Es de una tía mía y era de mi abuelita. Donde yo vivía me habían robado. Entonces mi abuelita me dice: “Andate a esa casa, que nosotros no la estamos ocupando”.
—¿Eso cuándo fue?
—Hace diez años.
—O sea, antes de que usted pudiera tener dinero del Estado y existiera su Fundación.
—Yo toda la vida me he roto trabajando. Vengo criando niños y jóvenes desde que tenía 25 años. Ya tengo por lo menos cerca de treinta jóvenes criados. Y mi marido también ha trabajado toda la vida. No es que nosotros hemos tenido un pasar negro. ¿Nunca tuvimos nada y de la noche a la mañana tuvimos todo? Nunca fue así.
“Ya que estamos en tema –interviene Raúl Noro, marido de Milagro Sala y secretario de Comunicación de la Organización Barrial Túpac Amaru–, nosotros hemos ganado un juicio de cerca de un millón de pesos hace tres meses.
—Analicemos el prejuicio. Mar del Plata, en los años 40 y 50, era comparable a lo que hoy es Punta del Este: el lugar más deseado. Y los sindicatos comenzaron a comprar los hoteles donde antes iban la clase media alta y la clase alta, que tenía un valor simbólico: era ese lugar al que el obrero no podía acceder. Cuando usted le puso Cantri, con ‘a’ e ‘i’ latina, a la puerta del barrio que construyó, ¿fue un gesto reivindicativo de lo que antes era inalcanzable?
—Exacto. Ahora se puede. Las organizaciones sociales hoy parece que fuésemos, para algún sector, los enemigos de la Argentina. Porque muchas organizaciones sociales, cuando nos pusieron la plata para construir viviendas, no sólo las construimos, sino que construimos el barrio que en algún momento soñamos. Es el barrio donde tenemos la fábrica, donde podemos ir a trabajar sin trasladarnos cuatro o cinco horas. Donde tenemos el centro de salud, la escuela. Donde tenemos también un polideportivo con la pileta de natación. Donde caminamos tranquilos.
—Sí, pero se puede hacer todo eso y no ponerle Cantri o sin hacerle un parque acuático y otro temático con reminiscencias de Disneylandia. Mi pregunta es si hay gestos reivindicativos que tienen un valor simbólico, más allá de lo utilitario.
—Tiene… He vivido en la década del 90. Hemos sufrido atropellos, discriminación. Uno cuando era chica no podía tener una pileta de natación. Todo lo malo que tienen que pasar los padres, no lo tienen que pasar los hijos. Por eso, en el barrio quisimos poner lo mejor para nuestros niños. Un compañero decía: “Ah, yo quiero tener una pileta con la foca, todo eso que hemos visto en la televisión”. Hagamos una foca. Todo el mundo, todos los que trabajan dentro de la Fundación, pusieron cuál era la idea de lo que quería cada uno.
—Su sueño.
—Exactamente. Cada parte de nuestro barrio tiene el sueño de cada compañero. Una compañera que vino muy mal de Buenos Aires por trabajar en una fábrica textil, decía: “Qué mal la he pasado, cómo me explotaron. A mí me gustaría tener una fábrica textil para que hagamos…”. Y le dijimos: “Podemos tener una textil”. Y lo hicimos.
—La fábrica tiene una lógica utilitaria y material. Ponerle Cantri, no: es simbólico.
—Reivindicativo. ¿Quién puso “Bienvenido al Cantri del Autoparque”? Los mismos jóvenes. Y lo hicieron en un tono desafiante. Fue una discusión, porque ellos dijeron: “Así como los ricos tienen su propio country, un lugar privado donde nosotros no podemos entrar, este lugar es nuestro”.
—Como le decía, simbólico.
—Sí. Nosotros no renegamos de cierta clase de ricos y blancos. Porque hay ricos que se han roto trabajado toda una vida. A ellos les tenemos muchísimo respeto. Los ricos que nosotros no queremos son los que se hicieron ricos a costas de los que menos tienen, y haciendo política. Sentados en una banca desde que son jóvenes hasta el día que se mueran.
—Que lucran con el Estado.
—Exacto. Y que nunca han presentado una declaración jurada verdadera. Y, por supuesto, tienen testaferro, testaferro, testaferro y testaferro.
—Cuando Perón regresaba a la Argentina, en los 70, los sectores juveniles de su partido cantaban: “Qué lindo, qué lindo, qué lindo que va a ser, el hospital de niños en el Sheraton Hotel”. ¿Encuentra alguna relación entre aquella demanda reivindicativa y lo que venimos hablando?
—Sí. Una cosa es un gesto reivindicativo y otra cosa es un gesto desafiante. Yo no voy a desafiar a los hermanos uruguayos porque tengo muchos amigos y familia ahí. ¿Milagro Sala de dónde viene? Mi familia es de clase media. Mi mamá, supervisora en el Hospital de Niños, mi papá trabajó en la Universidad Nacional de Jujuy, era el ecónomo de ahí. Y cuando ellos cobraban, nosotros nos íbamos a comer a un restaurante o a una confitería. O nos íbamos de vacaciones. A veces, cuando hablan de Milagro Sala, dicen piquetera queriendo denigrar…
—No estaba desocupada.
—No era desocupada. Toda la vida he trabajado. Me gusta trabajar, me encanta ganarme la plata honradamente. Cuando me fui de mi casa a los 14 años, cuando descubrí que mi mamá no era mi mamá y mi papá no era mi papá… me di contra la pared. Descubrí que había mucha gente que no tenía qué comer, que era dura la calle, que no era fácil tener un trabajo. Yo he vivido dos vidas. La vida de tener todo…
—Hasta los 14.
—Sí. Y la vida de no tener nada. ¿Sabe qué me ayudó a mí a levantarme? La formación que me dieron mis padres. Ellos me enseñaron que a la vida había que saberla valorar, que es como una empresa que hay que saber administrar para que, cuando el día llegue en que se es viejo, uno no se tenga que arrepentir de nada de lo que hizo.
—¿Sería bueno que en Punta del Este, como sucedió en Mar del Plata, los sindicatos comprasen hoteles?
—No. No me gusta desafiar a los demás. ¿Por qué tenemos que desafiar a los lugares donde se va? Hay sectores que les gusta desafiar por desafiar. Si se vive desafiando continuamente, en algún momento te golpeás con la pared. Y es feo golpearse.
—El mayor creador de las telenovelas de Brasil repite desde hace treinta años: “Los pobres adoran el lujo, sólo a los intelectuales les gusta ver pobreza”. Es decir que al pobre le gusta la riqueza como a todo el mundo.
—Hay muchos sectores de izquierda que son de clase alta. Van a la universidad y el día lunes dicen: “Estuve en la villa tal”. Se van a dar un baño de pobreza. No viven en la villa, no sienten la necesidad que siente el que menos tiene. Nosotros renegamos de esos que dicen “queremos hacer la revolución en Latinoamérica” y al pobre lo quieren seguir manteniendo pobre. Y cuando ven que el pobre se compra una zapatilla mejor… “Ah, ya es delincuente”, “Ah, ya es narcotraficante”. Pero a los que son narcotraficantes, a los que roban no les dicen nada. ¿Por qué el pobre no puede subir su calidad de vida?
—Una de las tres materias obligatorias que su organización enseña es Autoestima.
—Autoestima, sí. Muchos de mis compañeros que vienen de la villa son renegados sociales porque les hacen toda la croqueta de que nunca van a salir de la villa. Nosotros hemos demostrado muchísimos cambios sacando a los compañeros de la villa, llevándolos a estudiar, enseñándoles que éste es el camino que tenemos que andar los argentinos. No el de la violencia ni el de la droga. Y fíjese que muchos compañeros nuestros han cambiado. Y hoy están orgullosos de si tienen un auto, si tienen una moto, orgullosos de abrir la puerta de su casa y tener todo: un televisor, una heladera, un DVD. Orgullosos de lo que son ellos.
Diario Perfil | Entrevista a Milagro Sala – “CONTINUAR EN PERFIL.COM”.

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