Cosquín Rock, el festival de las múltiples opciones
Elige tu propia aventura rockera
Charly, Spinetta y reggae en el festival
Sebastián Ramos – Enviado especial
SANTA MARIA DE PUNILLA (Córdoba).- Cosquín Rock es hoy más que nunca el festival de las múltiples opciones. Una suerte de elige tu propia aventura en clave musical. Uno puede iniciar su recorrido maravillándose con la sensibilidad artística de Luis Alberto Spinetta mientras contempla el paso de las nubes en un cielo cortado por las sierras y terminar bien entrada la madrugada bailando como descerebrado con Pocho La Pantera, atracción fatal de una Bizarren Music Party realizada dentro de un viejo hangar. ¿Cómo se llega de un extremo al otro del viaje? Usted elige.
En la segunda jornada del festival, en su versión 2011, con sede en el valle de Punilla, la grilla de actividades y propuestas musicales estuvo marcada por dos apuestas bien diferentes: en el escenario principal, un puñado de glorias del género que se resisten al paso del tiempo (Virus, Spinetta, León Gieco, Skay Beilinson y Charly García) y, en el escenario temático, lo más popular de ese fenómeno cultural en el que se ha transformado la escena reggae local (Dancing Mood, Dread Mar I, Los Pericos, Los Cafres, Fidel y Nonpalidece). En el medio de las dos puntas, un sinfín de opciones que incluye partidos de minifútbol, la proyección del film Pájaros volando, con Diego Capusotto a la cabeza, bandas del under local que se juegan todo para llamar la atención del público desprevenido, carpas VIP con pantallas que transmiten lo que ocurre unos metros más allá o simplemente el encuentro con amigos, la charla amena con música de fondo y postal serrana y hasta el levante de los jóvenes más descarados. Todo vale. Aquí va, entonces, una de las tantas aventuras posibles, que comienza a las cinco de la tarde con los estéreos de los autos que acampan cerca del predio escupiendo a todo volumen, uno tras otro, temas de los Redondos, y que terminará, diez horas más tarde, con un Charly García con los pantalones bajos (esta vez no se los sacó, sino que se le cayeron) regalando un show a la vieja usanza, con más performance que música, y con las más de 30.000 personas que se acercaron al valle extasiados por la entrega de este artista singular que, al fin de cuentas, sigue conmoviendo y movilizando a las masas.
Con puntualidad inglesa, una buena costumbre en estos dos días de festival, a las 17.30, el grupo Jauría hizo su presentación en sociedad -tercer show con público, primero ante tanta gente-: “Pobre Dios, sin plan B, todopoderoso no puede con su propia creación. Y en tu cielo no hay lugar para un pobre diablo como yo”, canta Ciro Pertusi, acompañado por este seleccionado de rockeros alternativos que cuenta con Ray Fajardo, en batería; Pichu Serniotti, en guitarra, y Mauro Ambes, en bajo. Los chicos se divierten y contagian su espíritu. De allí, a la sombra del mangrullo del escenario temático porque el sol vuelve a pegar fuerte luego de la tormenta del mediodía que volvió a amenazar con aguar la fiesta, pero no. Dancing Mood invita a mover los pies y cuando para la música, se escucha, a lo lejos, que Marcelo Moura presenta a Carca para tocar “Imágenes paganas”. Y sí, lo de Virus es cosa seria. O al menos lo fue durante ese período de alto contenido creativo, en los años 80: con una lista de temas que sólo tuvo lugar para hits de aquella época, la banda de los Moura demostró una vez más que sus canciones de entonces suenan tan actuales como las de Babasónicos o Miranda!.
A las 19.30, Spinetta sube al escenario y el público se pone de pie para recibirlo con aplausos. “Hola amigos, gracias por la convocatoria”, dice el Flaco, y arranca con su set de música para volar. “¿La naturaleza potencia a Spinetta o Spinetta potencia a la naturaleza?”, es la pregunta que lanza al aire Fajardo y que define con precisión rítmica lo que fue el show spinetteano enmarcado por las sierras cordobesas. Pasadas las 20, poco a poco, comienza el éxodo dreadmariano hacia el otro escenario que, cosas de este público con oídos abiertos, marchaba mientras tarareaba “Ludmila”. El ir y venir de los jóvenes es una constante del festival. Un poco aquí, otro poco allá y ahora volvemos. Dread Mar-I celebra su gran momento de ascenso vertiginoso, mientras León Gieco se prepara para un concierto ecléctico, que incluirá tanto una versión de “Sólo le pido a Dios” con “Panchito” Chévez en armónica -el viernes, el músico en silla de ruedas había subido con Las Pelotas para hacer “Shine”- como “El ángel de la bicicleta” con acompañamiento del grupo metalero D-Mente y “Cinco siglos igual” con la fotografía de Evo Morales en la pantalla gigante. Mientras tanto, Capusotto y Luis Luque hacen reír a un puñado de “remeras negras” con su humor sin fronteras desde la pantalla ubicada en uno de los dos hangares habilitados para el encuentro.
Detrás de escena, la troupe de Los Pericos se deshace en elogios para Fabricio Oberto -con asistencia perfecta, el basquetbolista circula por el festival como uno más de la organización-: “Somos muy fan tuyo? ¿sabés que tenemos un disco que se llama 7?”, le comenta Juanchi Baleirón a este hombre de altura, en alusión al número que utiliza en su camiseta de los San Antonio Spurs.
A las 22.30, la bifurcación de caminos ofrece, por un lado, a Skay con Los Seguidores de la Diosa Kali y, por el otro, a Fidel Nadal sin banderilleros. La máquina conducida por el guitarrista de la vincha y los anteojos oscuros prueba una vez más su potencia con los clásicos de su etapa solista y cuando cerca de las 23 suenan los acordes que llaman a corear eso de “vaaamos, vamos los Redondos”, el aeródromo de Santa María de Punilla es testigo privilegiado de la marca indeleble que ha dejado Patricio Rey en generaciones y generaciones de argentinos, a diez años de su separación. El doblete con el ricotero pibe de los astilleros y el espíritu de Pappo del golem de La Paternal, y la faena estaba lista. Cosas de este festival sin par, desde el VIP, un equipo de filmación proveniente de Londres tomaba imágenes de “Todo un palo” para un comercial de cerveza.
Entonces sí, pasada la medianoche, llegó Charly para marcar otro hito de los tantos que trazó en los once años que ya lleva este festival. Chispeante y parlanchín desde el minuto cero y ante el público más enfervorizado que se vio en esta edición de Cosquín Rock, García brindó un espectáculo de tres horas fuera de programa, con clásicos de su repertorio solista, algunas de sus más recientes composiciones, una variada gama de chistes e ironías al mejor estilo stand up , versiones de temas de Serú Girán y Sui Generis y unos cuantos pases performáticos festejados como hazañas por la gran mayoría de las 30.000 almas que se quedaron allí hasta las 3 de la madrugada del domingo.
Está visto que Charly García no es invencible, pero también lo está que sus canciones sí lo son y que el vínculo que estrechó con los argentinos en las últimas cuatro décadas es indestructible. Haga lo que haga, aunque digan que está loco.
Fuente: La Nación

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