Joaquín Morales Solá; Un laberinto sin salida rápida

aprendió en las últimas horas cómo son las asperezas de la política. Le costó. Hasta hace poco, creía que la confirmación de su procesamiento por parte de la Cámara Federal, que la presentía, sería un trámite más en una causa enrevesada y confusa. Se olvidó, en todo caso, de quién es. es el jefe político de uno de los cuatro distritos electorales más importantes del país y el líder más claro de la centroderecha .

¿Acaso observaría con indiferencia el calvario que le toca a ese enemigo declarado? ¿Los peronistas disidentes lamentarían con sinceridad la desgracia de un serio competidor por la candidatura de ese espacio político? ¿Los no peronistas se comportarían como seres flemáticos ante el grave traspié de uno de los presidenciables más taquilleros para las elecciones del año próximo? Nada de eso sucedió, ciertamente.

Atrapado en los rincones y en los tiempos infinitos de la Justicia, Macri proclama su inocencia sin muchas más salidas que la insistencia en esa retórica. Un viejo espía, Ciro James, intervenía teléfonos privados cobrando su salario en las oficinas del gobierno capitalino. Ese es el nudo central de la cuestión.

Las pruebas que vinculan a Macri con James y con una asociación ilícita son casi nulas, pero los hilos sueltos que existen sirven para un procesamiento. Esos hilos descosidos no podrían ser nunca los argumentos de una condena, pero el momento judicial de la condena o la absolución parece pertenecer, por ahora, a la eternidad. ¿Puede un político procesado continuar una carrera presidencial como si nada pasara? Difícil, eventualmente imposible.

El error de Macri existió, por acción o por omisión. La participación de Néstor Kirchner en el asunto es una deducción inevitable. En los tiempos que corren, sería una excepción monumental que el hombre fuerte del poder desconociera acciones que ocuparon a la ex SIDE y a la Policía Federal. James fue empleado de la Policía durante mucho más tiempo que el que estuvo a sueldo de Macri. La ex SIDE le proporcionó a la Justicia la posibilidad de investigar al jefe de gobierno.

La pregunta sin respuesta sigue siendo por qué, a pesar de todo, Macri se dejó embaucar de esa manera, aun cuando haya estado detrás de la creación de una estructura de inteligencia porteña. Lo podría haber hecho, si de ser cínicos se trata, sin caer en la telaraña del espionaje kirchnerista.

Sólo el peronista disidente Eduardo Amadeo salió a defender sin condiciones a Macri. Eduardo Duhalde busca sendas reflexivas más contenidas. Felipe Solá dice que no le consta nada: ni la presencia de Kirchner en el escándalo ni la culpabilidad de Macri ni la inocencia de éste. Nada. Duhalde y Solá están con un oído puesto en las franjas peronistas que miran en Macri a una expresión demasiado inclinada hacia la derecha, nacido en una cuna con más algodones que los que toleran los orígenes del peronismo.

Ninguno se equivoca. Macri será el candidato presidencial del peronismo o no lo será. Pero sólo lo será si el peronismo disidente viera en él a la única y solitaria carta para tumbar a Kirchner en la primavera del próximo año. El actual revés de Macri beneficia, objetivamente, a Duhalde más que a Solá, aunque los dos podrían llevar agua para sus molinos. Macri entendió siempre que su único competidor serio en el peronismo es Carlos Reutemann, aunque Reutemann sigue insistiendo en su negativa a cualquier postulación presidencial. Reutemann no está, pero Macri no carece de competidores.

El peronismo disidente puede hacer poco y nada en la encerrona capitalina de Macri. No tiene legisladores. Los legisladores peronistas de la Capital son kirchneristas, casi todos. Ahí pesa más la decisión del partido de Elisa Carrió o del radicalismo. Carrió y los radicales no quieren mirar para otro lado. Un segundo procesamiento es una carga muy pesada como para pasar inadvertida. Radicales y Carrió optaron por una investigación legislativa (sin escándalos, dijeron), a la espera de la siguiente instancia de la Justicia. La Legislatura postergó ayer esa decisión.

En el Congreso

Pero también imaginaron una estrategia para no dejar sólo a Macri con el mote de oyente de teléfonos ajenos. Pedirán que la comisión bicameral de seguimiento de los servicios de inteligencia nacionales, que responden a Kirchner, investigue a quiénes se les intervienen los teléfonos en el país y por qué. “Este es el momento de meternos en ese mundo que todos suponen y del que nadie sabe nada. Es ahora o nunca”, se entusiasmó un líder opositor del Congreso nacional. La oposición, incluido sobre todo el macrismo, está de acuerdo. Ya era hora, con Macri o sin Macri, de que los legisladores dejaran sólo de denunciar un sistema de inteligencia que se mete en la vida de todas las personas públicas del país. Debieron hacer más hace mucho tiempo.

A Macri lo aguarda un largo insomnio. El juicio oral y público que reclamó lo podría tener sólo dentro de dos años. Todos los tribunales orales del fuero federal están ocupados en causas por delitos de lesa humanidad. El calendario de ese juicio está, además, en manos del juez Oyarbide, que, vale la pena señalarlo, ya comenzó los trámites de su jubilación, que se haría efectiva a mediados del año próximo, antes de que cambie el gobierno nacional, tal vez después de arruinarle la carrera presidencial a Macri. El juicio oral y público fue una buena decisión de marketing del macrismo, sin posibilidad de concretarse a tiempo en los hechos.

La Cámara de Casación podría observar cuestiones parciales del expediente del caso Macri, pero es muy probable que no revise el procesamiento. Ese tribunal acepta apelaciones por sentencias y casi nunca por procesamientos. El laberinto de Macri no tiene puertas rápidas en la Justicia. Cómoda, fingidamente entristecida, la política dice ahora que sólo le cabe esperar los interminables tiempos de los jueces.

Un laberinto sin salida rápida – lanacion.com.

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