Raúl AlfonsÃn: A un año de su muerte,
Raúl AlfonsÃn: A un año de su muerte,
En una de las primeras noches otoñales de este año, tres intelectuales se reúnen en un loft de Palermo para hablar del pasado reciente. El fantasma que los llama es el de Raúl AlfonsÃn. No hay velas para invocarlo pero es un espectro que se resiste al olvido y que recorre el campo polÃtico argentino. El filósofo Tomás Abraham, el sociólogo Emilio de Ipola y el politólogo Vicente Palermo se conocen poco entre sà pero se han leÃdo. De distintas formas se han cruzado con la polÃtica, han estado cerca del poder o enfrentados y criticando desde la vereda opuesta. En esta ocasión elaboran un perfil de AlfonsÃn a un año de su muerte y a veintiuno de su salida anticipada del gobierno. Esa fue la primera herida de muerte del radical. Después vendrÃan otras que nunca ocultó y que acumularÃa hasta el dÃa de su muerte.
Fuera del loft, que sirve de estudio a Abraham, corre un murmullo permanente del siempre festivo barrio de Palermo que esta noche resiste la partida del verano. Adentro, tres pensadores, discuten, susurran –también gritan– sobre el presente de AlfonsÃn. Sobre cuánto los marcó y cuánto los desilusionó. Para siempre. Hay desacuerdos marcados, pero los tres coinciden en el valor del aporte de AlfonsÃn al afianzamiento de las instituciones democráticas, algo que hoy parece natural pero que durante el perÃodo posdictadura tenÃa un valor similar al cuidado trabajo de un orfebre.
-¿Qué significó la muerte de AlfonsÃn para cada uno de ustedes?
-Abraham
: PolÃticamente nada; personalmente es una persona estimable. No creo en homenajes a muertos; indudablemente se destacan todas las virtudes que se puede encontrar como a Illia, ¡hasta a Frondizi! Creo que desde el punto de vista de su memoria murió bien; es decir, sin duda que merece un lugar en la polÃtica argentina… un buen lugar a pesar de su fracaso.
-De Ipola
: Cuando inauguraron el busto en la Casa Rosada, alguien le dijo “la estima de la población sobre usted ha crecido”, y entonces él respondió “y va a ver cuando me muera”… He visto un video donde opina Carlos Ruckauf, por ejemplo, de AlfonsÃn, cuando estaba vivo, y lo que dice después de que se murió. Hay cambios. Creo por otra parte que es un hombre efectivamente inscripto en la historia argentina, más allá de lo que no pudo hacer, incluso de lo que hizo. Es un hombre que estaba ligado indisolublemente a la institución de la democracia y al hecho de haber avanzado muchos pasos en ese terreno pantanoso.
-Palermo
: Bueno, para mà fue un gran dolor. Fue alguien a quien yo querÃa particularmente. Y polÃticamente, nada, lo único que realmente no prevà fue el efecto AlfonsÃn sobre la polÃtica posterior, es decir, que una vez muerto la gente lo iba a querer más y todo eso. Y todavÃa lo estamos viendo; lo cual no tiene nada de positivo en algunos aspectos, digamos. Y ahà el problema es que se oculta una cara más importante aún que es el AlfonsÃn como polÃtico de talento, eso no se ve.
-La presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo reivindicó como también otros sectores polÃticos. ¿Esa reivindicación se dio porque AlfonsÃn se estaba muriendo?
-Abraham
: Yo creo que hay que separar la figura de AlfonsÃn de las necesidades polÃticas que tiene el radicalismo que lo necesita a AlfonsÃn para salir de sus cenizas. Pero AlfonsÃn tiene otra dimensión y otro mensaje para dar, más allá de su presidencia. AlfonsÃn en este sentido no es un radical. Fue el presidente de los argentinos y yo creo que en este momento algo de él puede estar vivo, pero no tiene que ver con las necesidades polÃticas electorales. En su momento hizo un cierto llamado a cómo construir la Argentina. Se sabe que hizo el Juicio a las Juntas, y que si no fuera por un ejército activo, no como éste, hubiera seguido, pero el golpe de Estado estaba ahÃ.
-Palermo
: Me parece interesante cierta aparente paradoja en el sentido de que en una sociedad con un clima furibundamente antipolÃtico, AlfonsÃn es querido, exaltado y considerado como una gran persona, etcétera. Ahora, me parece que la paradoja se revela puramente aparente si uno ve el motivo de ese aprecio en la opinión pública: la integridad, o por oposición a la corrupción; es decir, AlfonsÃn como una persona Ãntegra. Pero el polÃtico de talento no se ve; parece que lo que se valora de AlfonsÃn es el hecho de que haya sido Ãntegro, honesto. Lo cual indudablemente era y siempre es encomiable. Uno no puede caer en la ingenuidad de decir bueno, no hay ningún motivo para elogiar a un polÃtico por el hecho de que sea honesto porque todo polÃtico debe serlo.
-De Ipola
: Creo que era un republicano liberal estricto, que respetaba la división de poderes, acataba las decisiones del Senado, etcétera. Eso lo hace interesante desde el punto de vista polÃtico, porque es difÃcil saber cuál era su polÃtica. Era una polÃtica que aceptaba que se radicalizara a través, por ejemplo, de posiciones que adoptaban los legisladores, y tenÃa una especie de… “miren, dejémoslo y después vemos”; como decir: aceptar lo que pasa y después definir una respuesta a lo que suceda. Yo creo que por eso no parece tener un sentido muy claro a veces la polÃtica de AlfonsÃn. Creo que lo que se tejió en algún momento respecto al tercer movimiento histórico (el primero era el yrigoyenismo y el segundo el peronismo) no fue nunca una idea de AlfonsÃn, al contrario, preferÃa la convergencia de fuerzas. A él también se le atribuye la teorÃa de los dos demonios (la que sostenÃa que los actos de violencia y terrorismo perpetrados por las Fuerzas Armadas durante la guerra sucia eran comparables a los cometidos por las organizaciones guerrilleras). No fueron posiciones que él haya adoptado. Al contrario, muchas veces las rechazó.
-¿Por qué empiezan a decaer AlfonsÃn y el alfonsinismo?
-Abraham
: Cuando en la crisis de Semana Santa, él va al cuartel para ver a Aldo Rico… se terminó. Fue una muestra de debilidad. Esas jornadas fueron bastante más complejas que las que se recuerda porque no habÃa tanto apoyo. La clase media independiente estaba en la Plaza, pero la CGT, no; la Iglesia menos; el Ejército estaba con los fusiles en alto; a la clase empresarial le importaba poco y nada de eso. Pero aun asà ese fue un gesto muy malo. Allà habrÃa que haber extremado un poco el enfrentamiento. Y cuando pasa algo asÃ, las variables económicas empiezan a temblar, al paÃs no le sobraba nada. Sourrouille no iba a poder, el Plan Austral tampoco. Fue el comienzo de la caÃda.
-Palermo
: Efectivamente la situación fue muy mala para AlfonsÃn, tener que ir fue quizás el mal menor, pero el problema es que efectivamente no tenÃa absolutamente ningún poder de fuego, era una situación en la cual ningún miembro de las fuerzas armadas iba a tirar un tiro para imponer la voluntad presidencial. En esa situación creo que fue un mal menor y tal vez no felizmente comunicada a la gente, la idea. AlfonsÃn estaba en una situación complicada, en el sentido de que habÃa dos requerimientos: uno, refundar un régimen polÃtico. ¿Y quién era el refundador? El. Y otro, gobernar. ¿Y quién era el que tenÃa que gobernar? El. Y gobernar es una cosa y refundar un régimen polÃtico es otra.
-¿AlfonsÃn termina completamente solo?
-De Ipola
: Completamente solo, no. Pero no termina acompañado por alguien importante. Y eso se ve en cómo va reestructurando su gabinete hasta que cae. En cierto modo hay gente que sigue apoyándolo pero él queda muy aislado. Después, es un animal polÃtico, vuelve a meterse, a hacer otras cosas, pero en aquel momento queda solo.
-¿TendrÃa que haber dialogado más con la oposición, con la derecha para salir de la crisis?
-Abraham
: A mà la alfonsinologÃa no me interesa para nada. ¿Qué quiere decir? ¿Adónde llega? A AlfonsÃn le fue muy mal. Fracasó. El paÃs terminó incendiado, con SeineldÃn casi en el poder, hiperinflación, una pobreza extrema, las fábricas cerraban, la gente se iba, no podÃan gobernar, no podÃan hacer nada. Un desastre. ¿Quién puede decir “no me dejaron hacer”? Nunca lo van a dejar hacer. El resultado en polÃtica es muy importante. No es una cuestión de si fue un buen tipo, un mal tipo o si tuvo unas grandes ideas o grandes discursos. Le fue como el culo. Por eso el radicalismo espanta. Ahora vamos a ver qué pasa. Pero en medio, todo raro. Pero digo, eso fue muy malo. Y después… ¡Ganó Menem! Diez años estuvo Menem. Entonces, durante la década del 90 yo no vi a un radical pensar lo que pasó: “No lo dejaron”, decÃan; o “La sociedad argentina está a la derecha de AlfonsÃn”. Y se hubiera ido a gobernar otro paÃs, entonces, que estuviera más a la izquierda, porque es muy posible que en nuestro paÃs no quepa un AlfonsÃn, como no quepa un Binner, como no quepa una Graciela Fernández Meijide… No hay que decir: tuvo que haber dialogado con la derecha. ¿Qué derecha? Además ¿para qué?
-De Ipola:
Nadie se pone a hablar de cómo gobernó. Nadie lo elogia por el discurso a la Sociedad Rural, que para mà fue extraordinario. Nadie elogia que haya contestado al vicario castrense en el púlpito; al contrario, yo creo que Menem lo criticó por eso. Es más bien un representante instituyente de la democracia, y de una democracia honesta e Ãntegra, que permanece en el pensamiento de todos como alguien valioso. Después la polÃtica se puede discutir. La hiperinflación y otros males, que por un juego de circunstancias se le atribuye siempre la responsabilidad al presidente de la república, generalmente no se contextualizan cuando se juzgan los hechos polÃticos.
-Abraham
: A ver… en Semana Santa hubo un quiebre polÃtico; él estaba con Antonio Cafiero, José Luis Manzano, estaban todos y ahà tendrÃan que haber resistido y provocar a lo mejor un golpe de Estado porque la sociedad no iba a estar con los militares. Porque pensó en quizás en no preocupar. ¿Y? Por una pizca SeineldÃn no agarró el poder. ¿Y quién lo derrotó a SeineldÃn? ¿AlfonsÃn? No, Menem. Y desde ese momento no hay posibilidad de golpe de Estado en la Argentina. Por Menem. Y por eso puede Kirchner puede descolgar el cuadro de Videla en el Colegio Militar porque el Ejército ya no reacciona más. Eso no lo hizo AlfonsÃn.
-Palermo
: Discrepo con vos. A mà me parece que esa enumeración que hacés es parte de una alfonsinologÃa crÃtica. La Argentina tuvo a partir de entonces las bases de la continuidad del régimen polÃtico democrático. Si vamos a hacer la historia de cómo se redefine el papel de las Fuerzas Armadas en la Argentina, no podemos decir blanco y negro, blanco AlfonsÃn y negro Menem. Menem actuó en el marco que le construye AlfonsÃn, y lo resuelve con talento y con competencia, sin duda, pero en el marco que AlfonsÃn le construye. Después va a venir Kirchner y decir “baje ese cuadro”, como si ese fuese realmente el estadista valiente. Entonces, me parece que hay una cantidad de cuestiones en las cuales no se puede ver a AlfonsÃn como un polÃtico fracasado. Y otras que sÃ; realmente es dolorosamente fracasado en otras, sin dudas. La gravedad de la crisis que la dictadura militar deja sobre las espaldas de la democracia es enorme, y en ese sentido el Plan Austral era como querer matar un elefante con una gomera.
-De Ipola:
En el momento en que Menem disminuye el poder de las Fuerzas Armadas obedece a otra situación histórica. Yo no estoy de acuerdo con la idea de una alfonsinologÃa. PodrÃa decir que sà que hubo un fracaso en el proyecto de AlfonsÃn, en esa idea de convergencia, de construir un paÃs más tolerante. En eso sà fracasó. Pero es una lástima que haya fracasado. Siempre se dice que el radicalismo tuvo en la economÃa un punto débil, pero que AlfonsÃn de todas maneras trató hasta cierto punto también de contrarrestar. Hay que reconocer que hubo cosas que no salieron bien; y entonces, desde ese punto de vista estoy de acuerdo con que hubo cosas que fracasaron. Pero también mucha gente está de acuerdo con que es una lástima que haya fracasado. Se fue quedando solo. Pero en el 87 todavÃa no estaba tan solo.
-¿Cómo evalúan el papel de los intelectuales en el gobierno de AlfonsÃn? ¿Creen que sirvió de algo haber estado tan cerca como el Grupo Esmeralda, ese conjunto de pensadores que lo asesoraba y que escribÃa sus discursos?
-De Ipola:
Bueno, como yo estuve en eso yo les puedo decir algo. Puede ser que haya servido allà donde el papel de los intelectuales no se volvÃa excesivamente intelectual, digamos, y lo que hacÃa simplemente era poner en claro o dar fundamento a ciertas intuiciones vamos a decir, o a ciertos razonamientos de AlfonsÃn. El también se sentÃa hasta cierto punto intelectual. LeÃa todo el tiempo. En un momento dado yo creo que pudo haber tenido una influencia dirÃa negativa, pero un aspecto de eso; una influencia negativa. Yo le oÃa decir que “este gobierno sigue las directivas de Huntington, de Leo Strauss…”. El tenÃa esa intuición propia, del polÃtico: acriollaba todo lo que nosotros le decÃamos en términos intelectuales, y creo que hacÃa bien; aunque deformara totalmente el sentido. HacÃa bien, porque asà se entendÃa.
-Abraham:
Por un lado yo trabajaba en la UBA, entré a trabajar en la universidad y fue una época extraordinaria. Y eso fue un festival educativo. El otro aspecto era la irresponsabilidad. AlfonsÃn lee un librito de Terragno, sobre el mundo futuro; se lo presentan, va a ParÃs y le ofrece venir a la Argentina. Terragno viene y es ministro de ¡Obras Públicas! Todos los servicios públicos estaban en el Estado. Pre- privatización. ¿Con qué antecedentes? Ninguno. ¿Con qué equipo? Ninguno. ¿Con qué experiencia? Ninguna. Eso también es un amor a lo intelectual un poco irresponsable.
-Palermo:
En esa época yo estaba rompiendo con el peronismo, acompañando la renovación peronista y trabajando en la revista “Unidos”. El hecho de que un grupo importante de intelectuales estuviera participando de alguna forma en el gobierno y al mismo tiempo con raÃces o vÃnculos en el Club de Cultura Socialista para nosotros fue sumamente estimulante, de mucho debate de los temas de la época como la propia cuestión democrática, y con una apertura a los debates internacionales.
-¿Cuándo comienza a decaer esta especie de primavera de ideas?
-Abraham:
Ese clima acompañó a un paÃs que se estaba despertando; no era la universidad, era todo. Pero yo veo que hacia el 87 empieza a caerse todo. Decepción, ilusión, decepción. La ilusión duró un par de años y después empieza la decepción. Cuando él decÃa en unos pocos años vamos a ser como Italia y España y vamos a crear una socialdemocracia acá, y vamos a ser tolerantes y plurales y vamos a hacer cultura, el lazo con Europa todavÃa estaba en el horizonte de la esperanza. Hoy dÃa ya no existe más eso, hace mucho que no existe más. La etapa europeÃsta que todavÃa es la ilustración, los valores, todo eso, se cae con AlfonsÃn. Entonces, lo de la universidad, la ilusión esa de un progresismo concreto, posible y demás, bueno, se fue desinflando. La universidad se burocratizó.
-En el 99 AlfonsÃn resurge para motorizar la Alianza… ¿Qué papel jugó entonces?
-Palermo:
Es una opción que hace AlfonsÃn como ex presidente, que no me parece la más feliz. Es decir, él como ex presidente muy rápidamente muestra que no quiere largar las riendas de la UCR. No era la mejor opción, para nadie. Ahora, al participar él en la construcción de la Alianza en sà creo que podrÃa haber evitado que el radicalismo escogiera un candidato simplemente por su nivel de aprobación electoral fuera del radicalismo; o sea, un candidato que no era un candidato del partido sino de las encuestas.
-De Ipola:
Sobre ese punto dirÃa que efectivamente creo que no fue muy feliz en absoluto este apoyo de la Alianza con la presidencia de De la Rúa. Porque además permitió una suerte de concubinato, vamos a decir, más bien negativo con elementos de izquierda o centroizquierda. Y uno de los defectos que tiene incluso la izquierda democrática argentina es una suerte de prisa, digamos, una ansiedad por encontrar atajos para llegar. Yo creo que también por eso fue negativo. Porque claro, AlfonsÃn pensaba en la centroizquierda, en Chacho Alvarez que no tenÃa ningún poder y él mismo se ve obligado a renunciar de una manera poco estética.
-Abraham:
A mà me parecÃa que la Alianza era una cosa extraordinaria. El problema era que no me gustaba De la Rúa. Es un pusilánime, siempre lo fue. Yo tenÃa una gran adhesión a Graciela Fernández Meijide, por su trayectoria. Me parecÃa una excelente idea, porque se podÃa quizás hacer algo con una visión progresista, pero para eso habÃa que pensar en lo que habÃa pasado con AlfonsÃn. Es decir, la pregunta es ¿de qué sirve la experiencia en la vida o en la polÃtica? ¿De qué sirve la experiencia? ¿Qué hace uno con ella? ¿La toma en cuenta, lo modificó a uno, lo marcó, lo hizo pensar algo? ¿No sirve para nada haber experimentado eso? Porque si no se pensaba esa experiencia, no sé si se la va a repetir o no se la va a repetir, pero indudablemente para gobernar habÃa que pensar esa experiencia, el progresismo la tenÃa que pensar. Y habÃa habido 10 años de Menem, a Menem le habÃa ido muy bien, la gente lo votó por un 60% la segunda vez. Y ganó la tercera, además. ¿La Alianza pensó una experiencia? No pensó un carajo. El gabinete que formó a mà me parecÃa buenÃsimo. Y fue un desastre. Bueno, hoy la experiencia se ha enriquecido mucho para el futuro. Ahora, si en el futuro se abre la polÃtica en la Argentina y la dinastÃa K puede llegar a no ganar en el 2011, no se sabe, y viene otra, vamos a tener que pensar un poco en la experiencia. Es decir, está bien, en la experiencia no está escrito lo que hay que hacer hoy, pero algo habrá que pensar.
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