Banfield supero a Colón 3 a 1 y está tercero
Banfield es un equipo hecho. Tal vez, ésa sea la gran diferencia entre el último campeón del fútbol doméstico y otros. Tiene la fórmula conocida, la de la solidez y el compromiso, a la que le sumó, en tiempos recientes, una buena dosis de fútbol. Sale un jugador, entra otro. Ni siquiera extraña a Santiago Silva, el fantástico goleador que ahora saborea Vélez. Sale una pieza, entra otra. Sale del juego doméstico, ingresa en el internacional y el tablero de ajedrez no se transforma. Es que Julio César Falcioni creó una criatura confiable. Hasta minimiza a un buen equipo que deja, en la noche del Sur, la punta como si no la mereciera. Así es Banfield: el 3-1 a Colón engaña los sentidos, porque en realidad el Taladro fue mucho más que ese llamativo resultado.
Ahora, Banfield está a dos puntos de Godoy Cruz y postergó al conjunto santafecino. También, anda derecho en la Libertadores: es como un auto de Fórmula 1 que no precisa de ingeniosos conductores para seguir hacia adelante. Marcha solo, porque lo que vale, en este caso, es la máquina. El motor le funciona a la perfección.
El motor es el mediocampo, que corre, mete y juega cada día mejor. Cuando se disfrazó de estratego Erviti, esos primeros minutos parejos parecieron un espejismo. Un envío del exquisito volante encontró una gran pirueta en el aire de Ramírez, el delantero que tiene la compleja misión de hacer olvidar goles y amores. Y cómo lo hace…
No se quedó Banfield: insistió como si el partido siguiera sin goles. Es que eso logró el Taladro, juega sin las presiones de antes, con mayor libertad, con una determinación más fuerte por el encanto. Un pelotazo preciso de Quinteros descubrió un derechazo violento de García: el 2-0 era un premio exacto entre la ambición y la… nada.
Qué mal que jugó Colón. Casi nada mostró en el Sur de lo mucho y bueno que había transitado en la primera parte del Clausura. Tapado Bertoglio, sin puntería Fuertes, el partido se le iba de las manos por su propia incapacidad y por la clara superioridad de Banfield. Pero claro: el último campeón se perdió numerosas situaciones de gol. Los delanteros, los volantesy hasta los defensores surgieron siempre por sorpresa y con capacidad de reacción. Sin embargo, falló mucho en el área, por un lado y Pozo fue determinante en otras ocasiones. Entonces, le cedió la pelota y el desarrollo en los últimos minutos al equipo santafecino. Y con poco, con casi nada, descubrió un tiro libre potente de Bichi Fuertes, un fuera de serie que aún cuando no lo merece, siempre está. Siempre anota.
Fue en el final, cuando el partido se acababa. Y no hubo mucho tiempo para el empate impensado. Y en un contraataque decisivo, ahora sí, en el cierre, Ramírez ensayó una jugada genial, hábil e individual, y selló el resultado.
Surgió, ahora sí, Tito Ramírez, en toda su dimensión. Sin lugar en Racing, explotó en el Sur, con el ojo protector de Falcioni. Aún, claro, no alcanza para hacer olvidar al uruguayo Silva, pero actuaciones como las de anoche valen algo más que un triunfo.
Colón quedó hecho añicos. Banfield lo hizo. Un equipo que cada día juega mejor y que, desde ahora, parece que tiene un nuevo goleador.


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