La Oposición debería tomar el ejemplo del campo, unidad

La debería tomar el ejemplo del campo, unidad

El reciente acto organizado en el Rosedal de Palermo por las entidades del sector agropecuario, con la adhesión de otras importantes agrupaciones empresariales, ha dejado un mensaje del que la dirigencia debería tomar especial nota: el cambio requiere unidad para la acción.

A comienzos de 2008, las cuatro organizaciones del sector rural que hoy conforman la Comisión de Enlace convivían con diferencias históricas, en algunos casos insalvables. Sólo las unificaba hasta entonces el afán de los productores agropecuarios por mejorar día tras día, por crecer sin cesar aprovechando los nuevos métodos de siembra y las nuevas tecnologías, y por contribuir con su éxito al desarrollo económico y social del país. Las unificaba también el arduo y sacrificado trabajo diario de los hombres de campo.

La inconsulta, desmesurada e inconstitucional resolución 125, que impulsó el Poder Ejecutivo para aumentar a niveles intolerables las retenciones a las exportaciones agrícolas hicieron el milagro de unir a aquellas cuatro entidades en la resistencia a esa medida oficial.

Es cierto que, al principio, más que el amor, los unió el espanto a un gobierno que no cesaba de dar muestras de atropello a las instituciones de la República y a la estabilidad de las reglas económicas. Con el tiempo, sin embargo, ese acercamiento superó el mero espanto y se plasmó en una serie de acciones conjuntas, derivadas de objetivos generales más amplios y que no sólo apuntaron a reivindicaciones sectoriales.

El acuerdo de las entidades del campo es un valioso ejemplo para las fuerzas políticas que hoy, desde la oposición al kirchnerismo, pugnan por devolverle al Congreso la jerarquía perdida después de los continuos avasallamientos a los cuales fue sometido por el Poder Ejecutivo. Es menester que los representantes políticos de la oposición dejen de lado mezquinas disputas por espacios de poder y trabajen en un plan de acción conjunto que permita alcanzar muchos de los objetivos que expresan el deseo de una amplia mayoría de ciudadanos que se manifestó el 28 de junio en las urnas.

Como señaló uno de los dirigentes rurales en el acto del Rosedal, se ganó en las urnas, pero el oficialismo les robó el resultado a los ganadores. Y sólo un trabajo en pos de la unidad y en contra de la fragmentación de los sectores de la oposición podrá revertir ese estado de cosas.

No fue casual que durante el mencionado mitin la cuestión de la inseguridad acaparara buena parte de los discursos de los oradores y los comentarios de los presentes. Es que hoy se advierte con indignación cómo algunos de nuestros gobernantes miran para otro lado a la hora de hacerse cargo de los graves errores de nuestras fuerzas de seguridad o se escudan en estadísticas falsas y en supuestas sensaciones sociales para desmentir a toda costa que la sociedad esté cada vez más desprotegida.

Claramente se advierte que las políticas de gobierno, que casi no existen, resultan insuficientes para superar este flagelo que reconoce múltiples causas y que es hora de edificar una política de Estado para atacar en forma integral el problema de la inseguridad. Lamentablemente, vaya a saber por qué misteriosas razones, no hay voluntad del Poder Ejecutivo para buscar un consenso tendiente a enfrentar la más preocupante cuestión en cualquier encuesta de opinión pública, sin distinciones sociales. Y no habrá posibilidad de que esto cambie si las fuerzas de oposición no se unen en torno de un programa común que fuerce al oficialismo a dialogar.

El temor ciudadano frente al crecimiento de las organizaciones delictivas, del narcotráfico, de la incapacidad del Estado para garantizar el orden público y de la falta de compromiso de las autoridades para ocuparse del principal problema que tiene hoy la sociedad, conducen a la crispación ciudadana y, en ese contexto, pueden entenderse algunos exabruptos o ciertas imprudencias declarativas de algún dirigente del campo, que deberían ser rectificadas. Nada de esto, no obstante, puede restarle valor a un acto realizado en forma pacífica, con una movilización espontánea, y sin los cortes de calles a que estamos tan acostumbrados.

El ecumenismo que caracterizó el encuentro, que tuvo como oradores a representantes de tres distintos cultos, es otro dato que realza una convocatoria que, por primera vez bajo el gobierno kirchnerista, unió a los principales sectores empresariales, incluidas la Unión Industrial y la Asociación Empresaria , en apoyo a una nueva etapa política que debería estar signada por el diálogo, la búsqueda de la paz y la inclusión social, y la firme defensa de las libertades y los principios republicanos tan vulnerados en los últimos tiempos. FUENTE LA NACION

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